Dile NO al Halloween (II)

“A los jóvenes hay que ponerlos en guardia claramente”

De la revista “María Mensajera”, nº 368.

No Celebro HalloweenHasta hace pocos años los cristianos de EE.UU, no habían cuestionado la celebración de Halloween, pero la gran cantidad de niños, infantes y gatos desaparecidos ha puesto en guardia a la población. El año pasado, sólo en una ciudad de Texas, se denunció la desaparición de más de 250 gatos negros en los días cercanos al de la celebración.

La historia que reproducimos es relatada en el libro “Más fuertes que el Mal”, del padre Gabriele Amorth y Roberto Italo Zaninio. En la época en que ocurrieron los acontecimientos, es decir, tres años antes de la narración, ella tenía 21 años y él 23. Nunca habían ido a una fiesta de Halloween “porque nos parecía algo estúpido, superficial”.

Los convenció de una manera del todo inesperada “un señor cortés y distinguido”, con quien se encontraban casi a diario en el bar donde toman el aperitivo. Con el transcurrir de los meses y de charlas ocasionales, este individuo se ganó la confianza de la pareja. Cuando los invita a una fiesta de Halloween deciden ir. Craso error. La dirección corresponde a una bella casa de campo. Son bien acogidos, pero todo les parece “un poco ridículo”. Los invitados, unos cincuenta, están con máscaras de brujas, vampiros o zombis. No hay otra iluminación sino la de algunas velas negras. Ellos dos son los únicos que están sin máscara y con la cara descubierta. Todavía no lo sabían, pero habían sido escogidos como víctimas de una misa negra.

Se sienten mal y quieren marcharse, pero tratan de acomodarse al ambiente. Comen y beben. “El señor distinguido del bar” les ofrece unas bebidas. En cierto momento se sienten impactados negativamente por la aparición súbita de un hombre vestido de negro “con un gran manto y un capuchón sobre el rostro. Todos, menos nosotros, se pusieron de rodillas… a cada uno le impuso las manos mientras habían comenzado a hablar una lengua incomprensible…”

¿Quién era este personaje? ¿Un sacerdote de la iglesia de Satán, que hace sus veces, o el mismísimo Demonio? Ellos, que no conocen el mundo de lo oculto y juzgan como “meras fantasías e invenciones”, piensan que se encuentran ante “una especia de juego por la fiesta de Halloween”. Pero esta vez el deseo de marcharse se vuelve apremiante. “Vámonos”, dicen al unísono. Ambos tienen dolor de cabeza y se sienten débiles. Se dirigen a la puerta, pero la encuentran cerrada. Pierden el conocimiento.

Su suerte por la mañana es que todavía están vivos. Primero despertó el chico. Junto a él, la novia está completamente desnuda. En todo su cuerpo hay cortes, rasguños, moratones y diversas señales de abuso. La gran casa está vacía. En el hospital descubren que ella había sufrido abusos sexuales y que en la sangre de ambos corría ketamina (droga disociativa con potencial alucinógeno). Días después vuelve el chico a la casa de campo. El propietario es claro: si no queréis tener problemas, no ha sucedido nada, “para vosotros esa noche jamás existió”.

En los días siguientes la chica es perseguida con llamadas telefónicas anónimas, aterrorizada, ya no sale de casa. Naturalmente, el “señor distinguido” ha desaparecido. Se van a otra ciudad. Se casan. Se entrevistan con un periodista, que naturalmente les garantiza el anonimato, explican que han decidido contar su experiencia porque deben “dar a conocer, sobre todo a los jóvenes que piensan en estas fiestas como algo divertido, que precisamente en Halloween se hacen cosas horrendas. A los jóvenes hay que ponerlos en guardia claramente, ir sin miedo contra la corriente. Mi vida fue arruinada y llevo esas señales en el alma y en la mente.”

“Las misas negras –según Cristina Kneer- se ofician en el campo o en edificios cerrados fuertemente vigilados, y se inician con la invocación de Satán, que muchas veces no se presenta (otras sí) porque, a diferencia de Dios, no puede estar en todas partes. A mitad de la ceremonia son sacrificados animales, como gatos, perros e incluso niños, que antes de ser sacrificados, son violados para despojarlos de su pureza”.

Halloween no es una broma. Todos los años pasan cosas horrendas, como el episodio narrado, para conmemorarlo. Estos jóvenes tuvieron mucha suerte por no haber sido asesinados, aunque quizás no debamos llamarlo suerte sino protección de Dios, que no permitió que la cosa llegase a males peores.

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