¿Cambio a mi hijo de colegio o instituto?

En bastantes ocasiones, cuando nos encontramos ante un problema en el centro escolar al que llevamos a nuestros hijos, nos preguntamos si es conveniente cambiarles de colegio o instituto. Nos referimos a problemas sobre todo de adoctrinamiento, relativos a que nuestros hijos están recibiendo una enseñanza contraria a nuestras convicciones. Por ejemplo, que le estén haciendo apología del budismo, del aborto como derecho de la mujer o de la ideología de género como ideario maravilloso, acertado y de asunción sensata y obligatoria.

La respuesta no es fácil, pues depende de muchos factores: de la edad de los niños, de cómo les puede afectar, de si el asunto ha sido grave o no, de las dificultades que entraña enfrentar el problema, de si tenemos apoyos de otras familias, de la Asociación de Padres, o incluso de algún profesor, etc. Depende igualmente de las ganas que tengan los padres de “complicarse la vida”, pues siempre es un trago incómodo el hablar de ciertos problemas escolares con el equipo directivo; además, siempre está el “fantasma” de las posibles represalias contra nuestros hijos.

La decisión última es de los padres, evidentemente, pues en ellos reside principalmente el derecho a educar a sus hijos, lo que incluye la elección de centro escolar. Pero permítasenos adentrarnos un poco más en el problema y aportar nuestras sugerencias.

Nos han llegado casos de padres, que llevan a sus hijos a centros de ideario católico, y se han llevado la sorpresa de que una de las monjas que les atiende en una asignatura quiere “leerles la mano”, o que el profesor de Religión dice en su clase que “ir a Misa es una tontería”, o que quieren llevar a cabo “actividades extraescolares ligadas a la espiritualidad del yoga”, etc.

Ante una situación como esta, que como ha quedado dicho es de respuesta complicada, nos atrevemos a sugerir unas recomendaciones:

  1. Pide cita para una reunión con el profesor que ha generado la controversia. Nuestra experiencia nos enseña que es bueno que alguien del equipo directivo esté presente. Si puedes ir con más padres que estén de acuerdo contigo, entonces mejor. El centro no puede negarte la cita ni obligarte a que vayas solo.
  2. Se transparente y claro en tus alegaciones, con sencillez, pero con la firmeza que te otorga el considerar que un centro de ideario cristiano no puede proporcionar enseñanzas contrarias al cristianismo.
  3. Aunque el centro sea público, tampoco puede educar a tus hijos en contra de tus convicciones. No olvides que el artículo 27 de la Constitución Española, que tiene su réplica en el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, garantiza el derecho que tienen los padres a que sus hijos no sean educados en contra de sus convicciones.
  4. Pide ayuda a terceros, a personas que hayan pasado por lo mismo. Nuestra Asociación te puede ayudar en todo lo que sea necesario.
  5. Trata de dejar constancia de tu alegato por escrito, mejor con acuse de recibo, para que no pueda haber malas interpretaciones sobre tu queja o que nadie pueda decir en un futuro que el asunto era desconocido. Podemos ayudarte a redactar los escritos necesarios. Piensa si es conveniente que este escrito lo entregues antes de la cita con el profesor. Esto impedirá que se quite importancia a tu protesta y te permitirá dejar constancia de la misma.
  6. El apoyo del cónyuge es crucial. Es muy importante que ambos: padre y madre, estén de acuerdo en las actuaciones que se lleven a cabo.
  7. Hemos de confiar a la Providencia la protección de nuestros hijos, al mismo tiempo que ponemos todos los medios. Así, también hemos de lograr que nuestros hijos entiendan, en la medida de sus posibilidades, lo que estamos haciendo. Por ello, es importante formar espiritualmente a nuestros hijos. Explicarles la maldad e injusticia de lo que ocurre en el centro.
  8. No te preocupe el saberte solo, pues actuando con confianza puedes lograr un cambio a mejor en el funcionamiento del centro. También conocemos casos en los que el centro ha modificado un camino errático por la intervención de una sola familia.
  9. Puedes “hacer presión” indicando que remites o remitirás copia de tus quejas al Obispado, a la APA, a otras asociaciones como CONCAPA, o incluso a la prensa; todo ello dependiendo de la gravedad del asunto. Esto dependerá de las ganas que tengas en el momento oportuno.
  10. Piensa en el cambio de centro como una opción última, pues desde ADVCE creemos que es mejor enfrentar el problema que dejarlo pasar o marcharnos del centro. Además, enfrentar el problema y llegar a una solución satisfactoria puede ser algo muy positivo para el centro.
  11. Un argumento para no cambiar de centro es considerar que la Providencia nos quiere en ese centro para dar testimonio. Además, el cambio de centro no garantiza que los mismos problemas no vuelvan a surgir. Desgraciadamente, puede ocurrir que cambiemos a nuestro hijo de colegio y le llevemos a otro en el que suceda lo mismo o incuso algo peor.
  12. En todo caso, debe tratarse a las personas implicadas en este asunto con amor y respeto, sin odio y sin ira.
  13. Independientemente de cómo se encamine este asunto, trata de asegurarte de que no tendrás nuevas sorpresas, pidiendo toda la información disponible sobre próximas actividades.

Para terminar, unos comentarios finales:

En la familia debe primar la autoridad de los padres, que debe ejercerse sin complejos, pues en caso contrario, como se está viendo, la asumirá el Estado. Si es el caso, en una familia católica el obedecer a los padres, ayudar en casa, estudiar, etc., es un deber religioso.

Aunque no está de moda decirlo, los hijos no deben dudar de que el criterio de sus padres es el correcto y de que son quienes buscan el bien de los hijos por encima de todo. Hoy día muchos padres no han sabido reaccionar a tiempo frente al ataque bestial a la familia, que tiene como uno de sus arietes el negar a los padres la autoridad sobre sus hijos para darla al Estado, y en la práctica han hecho dejación de su autoridad.

Actualmente, el materialismo ha hecho que en muchas familias se haya dejado de transmitir la Fe y eso tiene como consecuencia el que no tarda mucho en llegar el que la unidad entre los padres y los hijos se debilite en exceso, y que quienes quieran rebelar a los hijos contra los padres lo tengan mucho más fácil.

Una familia en que los padres sepan transmitir a los hijos que la autoridad que ellos tienen es para poder cumplir su obligación, que es procurar el bien de sus hijos, y que ese es el fundamento del deber que tienen los hijos de obedecerles; y en la que se transmita la Fe con coherencia  (también esforzándose en que los hijos adquieran virtudes naturales, y eso cuesta, y que conozcan la verdad de las cosas, y eso también cuesta y cansa), a esa familia no la derriban los poderes de este mundo. Si además, la familia reza unida, preferiblemente el Rosario todos los días, su fortaleza será ya de orden superior. San Juan Pablo II decía que “familia que reza unida, permanece unida”.

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