Tragamos como peces

Los peces de mi acuario nunca faltan a la cita de la comida. Cuando se abre el orificio por el que caen las escamas alimenticias acuden raudos a por su ración. No importa si han comido recientemente, da lo mismo que no tengan hambre, ellos acuden. El caso es que si yo no controlara su dieta, morirían al hincharse de comida.

Algo similar  estoy viendo a mi alrededor, pero con personas. Ante la educación para el placer, que no sexual, ofrecida por colegios e institutos, los alumnos siguen buscando respuestas a sus numerosas y variadas preguntas.

La supuesta educación sexual en los centros educativos, que suele correr a cargo de organizaciones externas, se salta incluso un aspecto tan de moda como es la atención a la diversidad. En esta educación, muy personal, se muestran por el contrario aspectos de la sexualidad a todo el grupo de una clase considerándolo como homogéneo, sin tener en cuenta las situaciones particulares por las que puede estar pasando cada adolescente. Transgrede el respeto que merecen los alumnos cuyas creencias les enfrentan a los métodos anticonceptivos que se enseñan. Se salta algo tan elemental como el tiempo que necesitan los alumnos para asimilar conocimientos nuevos, dando ya por bien aprendido lo que se les ha enseñado; en otras disciplinas las calificaciones muestran lagunas en los conocimientos que se ha pretendido inculcar. Sin embargo, después de las sesiones de educación para la anticoncepción, que no sexual, los alumnos presentan lagunas y resulta paradójico que no conozcan por ejemplo el significado del término agenésico.

Da la triste impresión de que la educación impartida va orientada exclusivamente a la búsqueda del placer y al vulgarmente llamado “sexo seguro”, obviando la inmensa riqueza, diversidad, psicología, sociología y objetivos de la sexualidad humana. Es una visión altamente estrecha de las relaciones de pareja.

La educación sexual debe dejarse adscrita a los padres, o por lo menos debe existir una libertad que les permita elegir quién educa a sus hijos en este aspecto de la personalidad humana. Los padres tienen ventaja, puesto que viviendo con sus hijos pueden detectar cuáles son los momentos más adecuados para dar esta educación, y tienen un indudable interés en como ésta debe impartirse dada su relación inequívoca de amor para con su descendencia. Todo lo contrario ocurre, sin embargo, en los centros escolares, donde se ningunea a los padres mostrando una educación parcial e interesada de la sexualidad. Muchos padres ven que, éste, es un aspecto delicado de la educación e incluso tratan de eludirlo pero terminan como mis peces, tragando todo lo que se les eche.

FUENTE: artículo de Jorge Calandra Reula publicado en cartas al director en la prensa cántabra hace ya una década, pero extremadamente actual.

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