La ideología de género nos sitúa ante una época de «máximas posibilidades» y «riesgos supremos»

Con una rapidez inversamente proporcional a la seriedad de sus fundamentos, la ideología de género está consiguiendo imponer su dictadura del miedo: oponerse a ella se paga caro, y tanto centros de enseñanza como partidos políticos (a derecha e izquierda) y medios de comunicación la asumen como propia (cuando no sus principios, sí su lenguaje y sus recetas) sin reparar apenas en la radicalidad de su contenido.

Clementino Martínez Cejudo ha escrito un libro breve, claro y contundente para tener claros los orígenes e ideas de este peculiar sectarismo del siglo XXI, y los males que puede causar a la sociedad: La ideología de género y la crisis de Occidente (De Buena Tinta).

Sacerdote desde hace 59 años, se licenció en Ciencias Sociales por la Universidad de Salamanca y ha sido muchos años profesor de seminario, además de autor de varios libros y numerosos artículos de periódico. Tiene, pues, muy interiorizado eso de ser didáctico y riguroso al exponer las cosas. Justo lo que horroriza a los ideólogos de género.

-¿Por qué decía Benedicto XVI que la ideología de género es una rebelión de la criatura en cuanto criatura?
-Siendo cardenal escribió: “Con la ideología de género el hombre moderno pretende liberarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo”. Podemos decir que pretende convertirse en un creador de sí mismo contra su Creador. ¿Hay mayor y más radical rebelión? Dice la Sagrada Escritura: “Hombre y mujer los creó” (Gn 1, 27). No es así, dice la ideología de género. “Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la propia persona humana, ya no existen… Ahora él es sólo espíritu y voluntad… En la actualidad, existe sólo el hombre en abstracto, que después elige para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya” (Benedicto XVI, 21/12/12).

-Como si la obra de Dios no existiese…
-Está claro; para ellos no hay hombre o mujer por naturaleza, creados por Dios. Cada individuo, libremente, por su propia voluntad, elige ser hombre o mujer.
Pienso que difícilmente podemos encontrar en la historia del pensamiento mayor y más profunda rebelión. En la ideología de género se pasa hasta por encima de la misma biología, de la evidencia biológica.

-¿Hay alguna semejanza entre esa rebelión y la rebelión de Lucifer y los ángeles malos?
-Según algunos santos padres, como San Agustín y San Gregorio Magno, el pecado de los ángeles fue un pecado de soberbia; y los santos padres y teólogos aplican típicamente al pecado del diablo la frase de Jeremías (2, 20), que dice Israel en su rebeldía contra Dios: “No te serviré”. Si bien, como dice el Eclesiástico (10,12 ó 10, 15), todo pecado viene a ser un pecado de soberbia: “El principio de todo pecado es la soberbia”. La actitud de la ideología de género es evidente que se asienta sobre la soberbia del hombre, se “autocrea”, luego podemos decir que hay una semejanza.

-¿Y diferencias?
-Hay que tener en cuenta que la diferencia de naturaleza de los ángeles, espíritus puros, y la del hombre, espíritus encerrados en un cuerpo animal, y, por si fuera poco, lastimados por el pecado original, nos pone en situación muy diferente. Yo diría que ni para el mal somos grandes. Somos pigmeos contra la omnipotencia divina. Si bien esto, por otra parte, hace que aparezca con más claridad nuestra soberbia.

-¿Qué efectos prevé de la aplicación de la ideología de género?
-Desde su punto de vista, se trata de la liberación de la mujer y, en último término, de la sociedad en general. Es más, de conseguir una sociedad altamente gratificante. En el fondo siempre se busca la felicidad, pero ese fin último se intenta lograr por diferentes fines intermedios, muchas veces, como ocurre en de la ideología de género, inadecuados y hasta contraproducentes. Es posible que se hayan conseguido algunos logros; bienvenidos sean. Pero esos posibles logros se podrían y deberían haber alcanzado por caminos diferentes. Y por caminos diferentes hay que conseguir para la mujer derechos todavía no conseguidos. También en nuestra sociedad occidental. Muchos más, en otras sociedades, de las que, no por ignorancia sino por cobardía, los defensores de esta ideología callan. No podemos continuar por este camino. Los resultados son en extremo negativos.

-¿Por qué?
-Cuando se defiende la igualdad entre hombre y mujer saltándose hasta la diferencia biológica; cuando la maternidad se considera un condicionante que discrimina negativamente a la mujer con el hombre y, por tanto, debe superarse, incluso con el aborto; cuando la relación sexual es libre con la libertad que ellos conciben; cuando el divorcio es un derecho tan fácil de ejercer casi como decir “me marcho”… no hay lugar para pensar en el matrimonio; la relación sexual entre personas del mismo sexo es lógica, aunque totalmente ilógica la pretensión de “matrimonio”; no hay posibilidad de auténtica familia biológica. Y, algo que puede pasar sin mirada directa: la mujer queda sin su especificidad.

-Un feminismo que acaba con la mujer…
-Lo femenino queda abolido. También lo masculino. Ni uno ni otro han de existir. Si bien, de hecho, el prototipo de ese hombre genérico viene a ser el varón y a él debe aspirar la mujer. La defensa de la mujer por igualación con el hombre, por más que lo nieguen, viene a ser convertirla en varón. Todo esto es demasiado serio. Y, por supuesto, como la experiencia nos lo va demostrando, nada positivo para conseguir una sociedad feliz.

-¿Terminará la naturaleza rebelándose contra esta ideología y derrotándola?
-Hace ya años, cuando en España se abría la puerta al divorcio y las rupturas matrimoniales empezaban a extenderse, un gran médico y buen cristiano me decía: “No se preocupe: la naturaleza vuelve siempre las cosas a su cauce”. Yo también comparto este juicio. Es seguro que las cosas volverán a su cauce. A través de la historia siempre se han desbordado muchos ríos y todos han vuelto a su cauce, aunque hayan dejado muchos meandros. Pero, entretanto vuelve a su cauce y habida cuenta del daño que causa esta ideología, como medida inmediata, es preciso achicar el agua y evitar en lo posible la inundación. Pasada la emergencia, convendrá construir diques seguros y controlar la riqueza que en sí es el agua. Nadie con cabeza, si tiene posibilidad, mientras ve como se anegan los cultivos y se derrumban las casas, espera tranquilo a que desciendan las aguas y vayan por su cauce.

-¿Qué hacer para acelerar esa derrota?
-Estamos ante un problema serio, muy serio y difícil. Pero esa dificultad, en lugar de paralizarnos, debe estimularnos. Nos enfrentamos a poderes fácticos e institucionales de nivel nacional e internacional, poderosos política y socialmente, con toda la clases de medios. Por otra parte, estamos en una sociedad que todavía no ha llegado a tomar conciencia de la situación. Es más, acepta muchas de sus ideas. No se puede esperar, pues, una reacción inmediata de la sociedad.

-¿Hemos reaccionado tarde?
-Pienso que, como tantas otras veces, los mentores de esta ideología han tomado la delantera, han consolidado sus posiciones y están con posibilidades de expansión. Quienes debían haberla descubierto y sopesado su incidencia, bien por la inercia bien por cobardía (que de todo ha habido y sigue habiendo), callaron en el momento oportuno. Todavía hoy se muestra mucha timidez ante la respuesta nada serena ni democrática de los ideólogos, lobbies o acérrimos seguidores.

-Hay que actuar ya…
-No podemos esperar a que desciendan las aguas de esta auténtica riada que está causando tantos males. Es preciso utilizar cuantos medios justos están a nuestro alcance. Hay que hablar, hay que escribir, dar conferencias, charlas, entrar en diálogo con grupos y personas, publicar folletos, libros, hojas bien preparadas. ¿Toda una campaña? Pues claro. ¿Qué hacen ellos? Campaña, que no puede durar un día, ni una semana, ni un año, sino que debe ser constante hasta poner las cosas en claro. Una campaña que no ha de ir contra nadie, sino contra la ideología. Esto debe quedar siempre claro. Y siempre a favor de conseguir cuando de justo se debe a la mujer. Es preciso trabajar con constancias y fortaleza, y siempre con caridad.

-¿Qué relación ha descubierto entre el papel actual de la ideología de género y El ocaso de la Edad Moderna que señaló Romano Guardini?
-No me consta que Romano Guardini tuviera presente esta ideología. En la obra que comento en mi libro contempla la evolución que ha tenido la sociedad occidental a partir de la Edad Media. Y puesta la mirada en las connotaciones de la Edad Moderna, hace una previsión de lo que, a su modo de ver, ha de ser en el ocaso de la Edad Moderna o, lo que hoy ha venido a llamarse, Posmodernidad.

-¿Cómo la describe él?
-Podríamos decir, con sus palabras, que en la Posmodernidad “se va a desarrollar un nuevo paganismo, pero de manera distinta que en la primero… El hombre no cristiano actual tiene con frecuencia la opinión de que puede suprimir el cristianismo y buscar un nuevo horizonte religioso partiendo de la antigüedad. En esto yerra. La historia no puede ser desandada”. Con la venida de Cristo, añade, “entra el hombre en un nuevo plan existencial”. Un paganismo, pues, radical, sin Dios y sin dioses. Y sin Dios y sin dioses, en este desamparo el hombre opta por convertirse él mismo en dios. Un dios que inventa su felicidad y los medios de conseguirla; precisamente lo que hace la ideología de género. La ideología de género, en relación con la sociedad que nos dibuja Romano Guardini, es efecto y expresión visible, paradigmática dirían otros, de esa situación social.

-En Guardini no hay sólo una previsión catastrofista del futuro de la religión, sino también signos de esperanza: ¿cuáles son?
-En ningún caso hay en Guardini previsión de catástrofe. Él prevé una situación de purificación para la religión. La prevé y la presenta. En esa situación tendrá que soportar pruebas nada fáciles y tomar opciones difíciles. Pero se trata únicamente de un momento en el que la nave de la Iglesia (el cristianismo en general), sacudida por las olas, deberá aligerar la carga y desprenderse de muchas cosas no útiles; un momento en el que los que estaban como de recreo la abandonarán, porque no habían entendido de qué barca se trataba o de qué exigía su singladura.
Pero esa tormenta sabe que pasará.

-¿Y después?
-Ya pasada, contempla una Iglesia más limpia, más sincera, más de Cristo, más Iglesia. Dice: «La época futura tomará en serio aquellos aspectos en que se opone al cristianismo. Hará ver que los valores cristianos secularizados no son sino sentimentalismos y el ambiente se hará transparente: lleno de hostilidad y peligro, pero puro y sincero. Cuanto mayor sea el rigor con que el cristianismo se reafirme como lo no evidente; cuanto más hondamente haya de distinguirse de una concepción dominante no cristiana, tanto más firmemente hará su aparición en el dogma el elemento existente y práctico, al lado del teórico. Se acentuará con mayor agudeza su carácter absoluto, la incondicionalidad tanto de sus afirmaciones como de sus exigencias».

-¿Estamos preparados para esa circunstancia?
-Como signos (algunos, no todos) hablo en el libro de las medidas que se están tomando en el Vaticano en relación con las estructuras superiores y personas dirigentes. Y en el pueblo cristiano apunto al nacimiento de instituciones y movimientos con cristianos animados por una fe profunda y consecuente, que frecuentan los sacramentos, hacen oración y su vida se desenvuelve en cristiano. Como es lógico, desarrollan una acción apostólica seria y sincera. ¿No son exponente de ello y prueba irrefutable esas familias que dejan todo, absolutamente todo lo que ofrece este mundo consumista, y marchan en actitud testimonial y apostólica a sociedades pobres y con escasa presencia cristiana? ¿No es ya algo más de un síntoma esos cientos de bautismos de adultos en sociedades seriamente secularizadas? Prueba irrefutable son esos miles de mártires del siglo XXI, que superan en número a los de siglos anteriores. No es suficiente, pero el camino se está abriendo.

-¿Es una perspectiva escatológica, o cabe pensar en el alumbramiento de una nueva era cristiana?
-Guardini no habla del final de la historia, sino de una etapa en las que se darán unas características parecidas a las que hace mención el Evangelio (Mt 24,24), por ejemplo el peligro de escándalo: “Porque seguirán falsos mesías y falsos profetas, y harán signos y prodigios para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos”; así como el peligro en muchos del enfriamiento del amor: “Al crecer la maldad se enfriará el amor de la mayoría” (Mt 24,12). “No ha de entenderse, pues en sentido cronológico, sino en sentido esencial, es decir, que nuestra existencia está entrando en la frontera de la opción absoluta y de sus consecuencias; de que se aproxima a una zona tanto en las máximas posibilidades, como en los riesgos supremos”, dice Guardini. Estamos, pues, ante una época de “máximas posibilidades y riesgos supremos”. Y el convertir los “riesgos supremos” en posibilidades y, en último término, en realidades es responsabilidades de los cristianos de esta época.

FUENTE: https://www.religionenlibertad.com/cultura/44234/ideologia-genero-nos-situa-ante-una-epoca-maximas.html

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