Clase de Religión, ¿sí o no?

En estos momentos del curso, nuestros obispos nos están recordando la importancia que tiene para los padres creyentes el apuntar a sus hijos a la clase de Religión, a fin que sus hijos reciban en los centros de estudio unos principios conformes con lo que profesan y creen sus padres.

El principal responsable de la educación de los niños no es el Estado, sino los padres. Nadie tiene mayor interés en educar a los hijos que los padres, por la sencilla razón que son los que más les quieren, por lo que la Declaración de Derechos Humanos de la ONU dice (art. 26.3): “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. Y nuestra Constitución, siguiendo su estela afirma lo siguiente (art. 27.3): “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. El derecho a la formación religiosa y moral de sus hijos según las convicciones de los padres es un derecho humano fundamental e inalienable. El derecho por tanto no es de la Iglesia católica, sino de los padres, aunque los que desean clase de Religión y Moral Católicas quieren que sea la Iglesia católica la que se encargue de dar esa formación religiosa y moral que ellos solicitan,

Nuestra Constitución además es aconfesional, es decir, puede y debe proteger los valores religiosos. “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones” (art. 16.3). Por ello el Estado español tiene acuerdos no sólo con la Iglesia católica para llevar a la práctica este derecho, sino también con protestantes, musulmanes y judíos y tiene igualmente previsto el caso de los padres que no desean una enseñanza confesional para sus hijos.

Además la Constitución afirma que “la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana” (art. 27.2). Pero lo que defienden los que desean prohibir la clase de Religión es: “La educación tendrá por objeto, dentro del horario escolar, el pleno desarrollo del alumno, salvo en lo referente al hecho y dimensión religiosa”. No creo sean precisos más comentarios.

¿Aporta algo la Religión a la educación integral y humana de la persona? ¿No nos ayuda a responder los grandes interrogantes del ser humano, como el sentido de la vida? Para mí las respuestas mejores, más exactas y verdaderas las tiene la Iglesia católica y por ello creo en ella y he sido profesor de Religión Católica, sin que ello sea inconveniente en reconocer los grandes valores que tienen otras religiones.

Pero hay una segunda razón: el valor cultural. La cultura de España y de Europa están totalmente impregnadas por el Cristianismo. ¿Nos imaginamos una Historia de España en la que no se mencione el factor religioso? O en la visita turística a cualquier ciudad, de la que normalmente su catedral e iglesias son los monumentos más importantes, ¿se pueden enseñar sin mencionar para qué y por qué se construyeron? Y si vamos a cualquier pinacoteca, como puede ser el Museo del Prado, quien no sepa quién es Jesucristo, la Virgen, los apóstoles, unos cuantos santos, Moisés, Adán y Eva, Caín y Abel, etc., ese visitante, ¿crees que se entera de mucho? La cultura religiosa, ¿no nos ayuda a entender mejor la Literatura, el Arte, la Filosofía, la Lengua?

Mientras que de otros temas la gente comprende que tiene que tener unos conocimientos básicos para poder hablar de ellos, tal vez la Religión sea el único lugar para muchos donde se puede discutir desde una total ignorancia. Recuerdo en este punto lo que un padre no creyente, Jean Jaurès (1859-1914), uno de los prohombres del socialismo francés, decía a su hijo, que le pedía no ir a clase de Religión: “¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?”.

Pero lo que realmente se intenta con la ideología laicista es prescindir de Dios, con consecuencias claras y terribles. Y es que sin Dios, “todos los intentos de separar la doctrina del orden moral de la base granítica de la fe, para reconstruirla sobre la arena movediza de normas humanas, conducen, pronto o tarde, a los individuos y a las naciones a la decadencia moral. ‘El necio que dice en su corazón: No hay Dios, se encamina a la corrupción moral’ (Sal 14,1). Y estos necios, que presumen de separar la moral de la religión, constituyen hoy legión” (Pío XIMit brennender Sorge, nº 17). Y eso que Pío XI no podía calcular lo proféticas que iban a resultar estas palabras, escritas contra los nazis en 1937. Pero ya Jesucristo nos había dicho: “No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno” (Lc 8,43).

FUENTE: https://www.religionenlibertad.com/opinion/400564028/Clase-de-Religion-si-o-no.html?utm_source=boletin&utm_medium=mail&utm_campaign=boletin&origin=newsletter&id=31&tipo=3&identificador=400564028&id_boletin=822983238&cod_suscriptor=445331

La Asociación FamiliaE organiza unas sesiones sobre el SKOLAE

La Asociación FamiliaE es una asociación ciudadana formada por familias de toda Navarra con hijos escolarizados en colegios e institutos públicos. Su misión es defender a la familia y a los padres y fomentar la libertad de educación.

Ha organizado en Tudela una sesión de formación para familias el 16 de mayo a las 20:30, sobre el Skolae. Posteriormente en Pamplona, el 21 de mayo a las 19:00; y en Estella el 29 de mayo a las 19:30.

Animamos a todas las familias a asistir y a enterarse de un asunto muy serio que les afecta: el programa adoctrinador SKOLAE.

Más información en: https://www.asociacionfamiliae.com

La ideología de género nos quiere robar a nuestros hijos

La Comunión Tradicionalista Carlista ha iniciado una campaña en contra de la Ideología de Género. Y quiere llenar las calles de pegatinas y carteles e inundar las redes sociales con nuestros diseños.

Pero para eso ES IMPRESCINDIBLE QUE NOS AYUDES. ¿Cómo?

1º Difundiendo en tus redes sociales nuestros diseños y/o

2º Perteneciendo a nuestros grupos de propaganda (infórmate en carlistas@carlistas.es; 913994438; 636584659) y/o

3º Financiando la impresión de cada modelo (cada modelo cuesta 150 euros) con tu contribución a la cuenta ES89-2100-2146-18-0200187257 (indicando en concepto: “Propaganda”) o por paypal desde nuestra web www.carlistas.es.

SIN TI NO SERÁ POSIBLE DERROTAR A LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO. NO NOS DEJES SOLOS, TU AYUDA ES IMPRESCINDIBLE.

FUENTE: https://www.ahorainformacion.es/blog/la-ideologia-de-genero-nos-quiere-robar-a-nuestros-hijos/

Una pediatra avisa: la disforia de género en niños se está abordando sin base experimental fiable

En una época en la que gana cada vez mayor terreno la denominada “medicina basada en la evidencia” o “basada en hechos”, la disforia de género y su tratamiento en niños y adolescentes parecer ser la excepción, según afirma Monique Robles, pediatra formada en la Universidad y en el hospital infantil de Dallas (Texas) y máster en Bioética por la University of Mary de Dakota del Norte, con un trabajo final precisamente sobre esta problemática. En un reciente artículo en The Public Discourse, la doctora Robles denuncia el mal abordaje de este problema precisamente en los pacientes más vulnerables, niños y adolescentes:

Comprender la disforia de género y su tratamiento en niños y adolescentes

Como pediatra de cuidados intensivos, empecé a interesarme en la disforia de género mientras ampliaba mis estudios en bioética. La disforia de género no formaba parte del currículo de la Facultad de Medicina ni de la posterior formación como médico residente. Empecé a preguntarme: ¿cómo es posible que en sólo una década hayan surgido más de cuarenta clínicas que tratan las cuestiones de identidad de género vinculadas a hospitales pediátricos?

Evolución del diagnóstico

Antes el diagnóstico de disforia de género era conocido como trastorno de la identidad de género, y entraba en la categoría de disfunciones sexuales y parafilias. El nuevo término fue introducido en el DSM-5 publicado en 2013 [DSM: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, manual de referencia para los psiquiatras]. La disforia de género está descrita como un conflicto preocupante entre el propio sexo biológico y el género con el que la persona se identifica. Las personas con disforia de género a menudo sufren depresión, ansiedad e ideas suicidas.

El nuevo término diagnóstico fue introducido para reducir el estigma asociado a la disforia de género mediante la “despatologización” de esta condición. La disforia de género es presentada como una variante normal de la experiencia humana, no como una enfermedad mental. La angustia que acompaña a la disforia de género es presentada como el resultado, no de las dificultades psicológicas del paciente, sino de su falta de aceptación social. Entonces, ¿por qué mantener el diagnóstico en el DSM-5, si tenemos que considerar la disforia de género como una variante normal y no como una problema de salud mental?Según un psiquiatra que ayudó a redactar los criterios del DSM-5, el objetivo es mantener la disforia de género como un diagnóstico psiquiátrico para, así, mantener el acceso a la atención médica.

Lo alarmante es que estos criterios son totalmente subjetivos, basados en las preferencias, deseos o no deseos del niño, y han producido una mayor dicotomía entre los estereotipos masculinos y femeninos.

Tratamientos preocupantes

Los tratamientos propuestos para la disforia de género no han sido aprobados por la FDA (Food and Drug Administration). Sin embargo, son legales y se promocionan como la atención estándar en estos casos. Estos tratamientos incluyen hormonas bloqueadoras de la pubertad, también conocidas como agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina. Dichas hormonas son consideradas totalmente reversibles y son utilizadas para evitar el desarrollo de características sexuales secundarias.

Sin embargo, llamarlas “totalmente reversibles” no es demasiado exacto. Estos tratamientos hormonales detienen el crecimiento óseo y disminuyen su densidad, impiden la maduración y estructuración puberal del cerebro adolescente como también el desarrollo del esperma y de los óvulos. Se empieza su administración con el propósito de ampliar el tratamiento con altas dosis de hormonas de sustitución, clasificadas como parcialmente reversibles. Esta segunda tanda de hormonas son utilizadas como detonante para el desarrollo de las características sexuales secundarias del género deseado.

Se han asociado muchos problemas de salud a estas hormonas bloqueadoras de la pubertad, incluyendo disminución de la densidad mineral ósea, aumento de tromboembolismos, desarrollo de un perfil lipídico anormal y de un síndrome metabólico y aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares y cáncer. Y lo más preocupante, esterilidad.

El estadio final del tratamiento de la disforia de género es la cirugía para la reasignación de sexo. Esta cirugía es irreversible y no está recomendada hasta que el paciente cumpla la mayoría de edad legal. Sin embargo, en California se están realizando mastectomías a menores, incluso de 13 años de edad.

¿Dónde están las pruebas?

Para comprender estos tratamientos, hay que leer detalladamente la reciente declaración de la American Academy of Pediatrics (AAP, Academia de Pediatría de los Estados Unidos), de octubre de 2018: Ensuring Comprehensive Care and Support for Transgender and Gender-Diverse Children and Adolescents. Dentro del marco establecido por este documento, el único objetivo del profesional de salud debe ser afirmar el género deseado por el niño, sin importar la edad que tenga. Cualquier intento de ayudar al niño o adolescente a identificarse con su sexo biológico es considerado “injusto y engañoso”.

La AAP afirma que mantenerse a la expectativa limitándose a hacer un seguimiento es una actitud obsoleta porque no responde a la preocupación que expresan muchos padres de jóvenes transgénero. Inmediatamente después de la publicación de la declaración de la AAP, los miembros del fórum de padres Gender Critical escribieron una carta criticando la postura de la AAP, sus métodos diagnósticos, su punto de vista sobre los problemas mentales asociados, su decisión de ignorar la realidad sobre el desistimiento y la “detransición” y su fracaso en aplicar la ciencia clínica.

La AAP tampoco está afrontando de manera adecuada el fenómeno conocido como disforia de género de aparición repentina (Rapid-Onset Gender Dysphoria). Esta forma de disforia de género de aparición repentina ocurre, sobre todo, en grupos de chicas adolescentes, de una manera similar a como aparecen los trastornos de la alimentación; esto sugiere que la disforia de género puede funcionar como contagio social, y que se difunde entre grupos de compañeros.

En 2017, la Sociedad Endocrinológica publicó un documento de sugerencias y recomendaciones relacionadas con la atención a las personas transgénero. Sin embargo, aún no hay protocolos estándar. Entre las recomendaciones escritas, aproximadamente el 21% son consideradas como Ungraded Good Practice Statements [Declaraciones de Buenas Prácticas no clasificadas]. Del resto de recomendaciones clasificadas, más de la mitad lo estaban sobre la base de pocas pruebas, y más del 80% estaban clasificadas como de muy baja a baja calidad en término de las pruebas que apoyaban su implementación. Los estudios de seguimiento realizados a posteriori revelan que cerca del 85% de los niños diagnosticados con trastorno de la identidad de género no mantienen la disforia de género durante la adolescencia.

Si la mayoría de los tratamientos recomendados están basados en pruebas de baja calidad y débiles, y si la mayoría de los niños diagnosticados de disforia de género no persisten en el diagnóstico, entonces ¿para qué estamos llevando a cabo estos tratamientos? Algunos argumentan que los bloqueadores de la pubertad le dan tiempo a los niños para decidir. Las pruebas no sostienen esta idea. Un estudio de 2011 evaluó a setenta jóvenes con edades comprendidas entre los 12 y los 16 años de edad que estaban utilizando bloqueadores de la pubertad. Ni uno solo de estos setenta jóvenes abandonó el tratamiento; al contrario, todos empezaron el tratamiento con altas dosis de sustitución hormonal.

Recuerden; cuando la disforia de género infantil no se trata con bloqueadores de la pubertad, la gran mayoría de los niños acaba identificándose con su sexo biológico. Los bloqueadores de la pubertad cambian el curso natural de la disforia de género en niños. No permiten que los niños tengan tiempo para decidir. Y los médicos que administran estas hormonas a estos niños están tomando la decisión en su nombre.

Impacto en la profesión médica y en la sociedad

Ningún otro diagnóstico médico plantea una amenaza tan seria a nuestra sociedad. Debemos preguntarnos: “¿A quién estamos ayudando? ¿A quién estamos beneficiando?” Pensemos en las personas diagnosticadas de trastorno de la identidad de la integridad corporal que desean ser amputadas. ¿En qué son distintas a las que sufren de disforia de género? ¿Por qué no es ético para un cirujano amputar un brazo o una pierna sanos, pero lo es extraer o mutilar órganos sexuales sanos? En ambos casos se viola el principio de totalidad e integridad. La extirpación de una parte sana del cuerpo no tiene justificación, porque no lleva al bienestar del cuerpo en su totalidad. Al hacerlo se viola la dignidad de estas personas y no se trata el problema que está a la raíz de su sufrimiento.

¿Por qué se permite que este campo de la medicina sean tan indulgente respecto a los principios éticos? ¿Por qué no se les proporciona a los niños y a sus padres información detallada? Deberían conocer los beneficios y riesgos de cada tratamiento, deberían ser informados de las terapias alternativas para, así, tener la opción de no hacer nada. Los padres están siendo engañados con el miedo y obligados a respaldar la disforia de género de sus hijos. Los niños no tienen la capacidad de consentir formalmente porque hacerlo requiere una compresión total del tratamiento, de sus implicaciones y consecuencias (muchas de las cuales son irreversibles). Su capacidad intelectual y de toma de decisiones no está aún plenamente formada.

En una era de medicina basada en la evidencia, la disforia de género está, de alguna manera, exenta.

No hay estudios controlados aleatorios cuyo fin sea la búsqueda de los beneficios y daños potenciales causados por estos bloqueadores de la pubertad y las hormonas de sustitución sexual en niños. No hay estudios que incluyan el asesoramiento psiquiátrico. La comunidad médica ignora el cada vez mayor numero de hombres y mujeres que se arrepienten de la transición y deciden “detransicionar”. Los tratamientos médicos mejoran cuando se reconocen y se abordan los resultados no deseados y los fracasos; pero, en este caso, esto no está ocurriendo. Cualquier tratamiento centrado en ayudar a los niños y a los adolescentes a identificarse con su sexo biológico es considerado no ético. Se anima a no considerar el género como una cuestión binaria.

Médicos célebres como los doctores Paul McHugh y Kenneth Zucker, después de haber haber tratado durante décadas con la salud mental de personas que se identifican como transgénero, han sido investigados y denunciados por sus esfuerzos centrados en abordar el trastorno mental en lugar de mutilar los genitales de sus pacientes.

Por desgracia, el impacto se extiende más allá del campo médico. La educación sexual tiene como objetivo a niños cada vez más pequeños, a los que se enseña que tal vez sean transgénero. Se están implementando en todas las escuelas las Directrices para Estudiantes Transgénero y No Conformes con su Género [Transgender and Gender Nonconforming Student Guidelines], forzando así al uso del pronombre preferido y a la creación de baños y equipos deportivos para estudiantes del sexo biológico opuesto. Los educadores que se niegan a implementar estas directrices pierden sus empleos. Los padres que no están de acuerdo con el enfoque trans-afirmativo para su hijo con disforia de género se enfrentan a consecuencias legales. En el ámbito deportivo, los hombres que se identifican como transgénero compiten en eventos deportivos femeninos con una ventaja biológica injusta. Por otro lado, se permite que mujeres biológicas que dicen ser hombres compitan mientras reciben tratamiento con testosterona, algo que en cualquier otra circunstancia se consideraría dopaje.

El tratamiento hormonal y la cirugía no transforma a nadie en el sexo opuesto, no importa cuánto se identifique uno con ese sexo. El sexo es una realidad científica y biológica. Cuando a los niños se les administran estos tratamientos, se les está diciendo que no gustan tal como son.

Soy una defensora de todas las personas que luchan con su disforia de género y sus familias, y miembro de una profesión cuyo primer principio ético -“Lo primero, no perjudicar”- ha caído en el olvido. Debemos proteger los derechos de conciencia de los médicos que, en este campo, practican una medicina basada en la evidencia, para no ser reducidos a meros técnicos que prescribimos tratamientos y realizamos procedimientos sin pensar en las consecuencias de nuestras acciones.

Cuando se trata la disforia de género se deben abordar los problemas mentales que están a la raíz de este trastorno y que llevan a los niños y adolescentes a identificarse como transgénero. Por suerte, algunos médicos compasivos trabajan con sus pacientes y sus familias a través de historias y experiencias, abordando a la persona de manera holística. Así, el cuerpo, la mente y el alma forman una unidad, tal como estaban destinados a ser.

FUENTE: https://www.religionenlibertad.com/polemicas/704515667/pediatra-avisa-tratamiento-disforia-genero-ninos-adolescentes-experimental.html?utm_source=boletin&utm_medium=mail&utm_campaign=boletin&origin=newsletter&id=31&tipo=3&identificador=704515667&id_boletin=929371989&cod_suscriptor=445331

Luchar contra la adicción a la pornografía desde niños: es el plan PUEDO, creado por una madre

El fácil acceso a la pornografía y el bombardeo constante se ha convertido en un grave problema para los padres, pues son cada vez más niños los que visualizan este tipo de contenido, con los graves efectos que esto produce en ellos.

Kristen Jenson es una de estas madres que vio como su hijo adolescente se convertía en adicto, y decidió que había que tomar cartas en el asunto para que esto no ocurriera más. No sólo es necesario controlar los dispositivos y los filtros sino que es necesario que los propios niños tengan también sus propios filtros. Así es como con expertos en la materia diseñaron el plan PUEDOAsí lo recoge José Antonio Méndez en la Revista Misión

Niños a prueba de pornografía

El día en que la experta en comunicación Kristen Jenson recibió la llamada de una madre, rota por la adicción al porno de su hijo adolescente, decidió que era hora de actuar. Junto a la doctora Gail Poyner, psicoterapeuta experta en adicciones, y apoyándose en el trabajo de psicólogos, neuropsiquiatras y pedagogos, escribieron Imágenes buenas, imágenes malas (Glen Cove Press), para ayudar a niños de entre 6 y 10 años –y a sus padres– a combatir la pornografía de forma eficaz.

Ante la avalancha de porno por internet, que genera unos riesgos  “sin precedentes”  para niños y mayores, “los filtros de internet son importantes, pero no bastan. Cuando se trata de niños y pornografía, la ignorancia es riesgo”, explican. Jenson y Poyner recuerdan que  “el cerebro infantil es más vulnerable al porno porque está diseñado para imitar lo que ve, cuenta con menor control” y además el porno  “altera las vías neuronales, desencadena una adicción que a menudo es más difícil de superar que la drogodependencia”, e incluso sin llegar a la adicción, genera  “actitudes sexuales insalubres” que condicionan las relaciones humanas.

Ante esto, el libro traza con sencillez los mecanismos del cerebro, y da estrategias (especialmente, el plan PUEDO) para que los menores establezcan  “sus propios filtros internos” que les ayuden a ser  “niños a prueba de porno”, capaces de saber   “qué es, por qué es dañino para su cerebro y cómo pueden minimizar sus efectos si se ven expuestos”.

Los cinco pasos del plan “PUEDO”

La «P» es de «Parar de mirar»:

Bastan pocos segundos para que una imagen pornográfica se fije en la memoria y despierte el deseo de consumir más. Por eso, Jenson y Poyner recomiendan a los menores que si un amigo o familiar les muestra una imagen porno, o la ven de forma accidental, cierren los ojos y se alejen. Y si les salta una imagen porno en el portátil, móvil o tablet, “cerrar o apagar el dispositivo sin mirar la pantalla es mejor que intentar cerrar la página”, porque muchos iconos de cierre son falsos y redirigen a sitios más “duros”.

La «U» es de «Un adulto de confianza»:

“Mantener la pornografía en secreto nunca es buena idea. La imagen mala puede molestar más si no se lo cuento a nadie. Un adulto de confianza tiene que saberlo siempre. Si me resulta difícil hablar de ello, puedo escribirlo en una nota, y así mamá o papá sabrán que tienen que hablar conmigo: ‘Mamá, hoy he visto una imagen que…’”, aconsejan las autoras.

La «E» es de «Etiquetar lo visto»:

Si se topan con porno, recomiendan: “Dilo en voz baja: ‘¡Eso es pornografía!’. Ponerle nombre ayuda a mi cerebro a saber lo que es, y a rechazarlo”.

La «D» es de «Distraerme con otra cosa»:

“Si me molesta una imagen –explican– puedo distraerme con otra cosa positiva, interesante, o que implique esfuerzo físico”, como ir en bici o jugar a algo divertido. El menor distrae así la atención y, al tomar esa decisión, “fortalece” la parte del cerebro que regula el autocontrol, la voluntad y la distinción entre el bien y el mal.

La «O» es de «Ordenar al ‘cerebro de pensar’ que mande»:

Apoyado en un amplio conocimiento en la neurociencia, PUEDO emplea el símil de los dos cerebros: el de sentir y el de pensar. El último punto apela a la capacidad del niño de dirigir sus impulsos a través de su razón y su voluntad: “Puedo decidir no volver a mirar pornografía incluso después de haber estado en contacto con ella. Una forma de ordenar a mi cerebro de pensar que se ponga al mando es que se comunique con mi cerebro de sentir: ‘Cerebro de sentir, puede que sientas curiosidad por ver más imágenes malas, pero elijo usar mi cerebro de pensar para permanecer libre’”. Mi cerebro de pensar “me ayuda a tomar decisiones inteligentes” y “si lo ejercito puedo hacerlo más fuerte”.

FUENTE: https://www.religionenlibertad.com/vida_familia/669592234/Luchar-contra-la-adiccion-a-la-pornografia-desde-ninos-este-es-el-plan-PUEDO-creado-por-una-madre.html?utm_source=boletin&utm_medium=mail&utm_campaign=boletin&origin=newsletter&id=31&tipo=3&identificador=669592234&id_boletin=359001108&cod_suscriptor=445331

Persecución religiosa en los centros escolares

En un instituto público de Cantabria, en primero de bachillerato, un alumno fue fuertemente acosado por ser católico: una de sus profesoras le señaló públicamente como procedente de un centro escolar católico en el que, según la docente, les despersonalizan por obligarles a llevar uniforme. Rápidamente, el alumno se encontró rodeado de un ambiente burlesco sufriendo acoso: en clase de Filosofía y Ciudadanía, la profesora afirmó que la Virgen María no era virgen. El clima en el instituto fue tal que un alumno llegó a preguntar en clase de Historia del Mundo Contemporáneo si la Virgen María era una puta. Paralelamente, el profesor de Lengua en su clase correspondiente, afirmó que la Ciencia y la Religión son totalmente opuestas y tildó a la Iglesia de “totalitaria”, generando la idea de que algunos católicos eran intolerantes o asesinos por el hecho de la expulsión de los moros de España. En esta misma clase, una alumna preguntó por qué los cristianos mataban si tenían el mandamiento de “no matarás”, a lo que él respondió con una risita sarcástica. Así las cosas, una alumna aprovechó para señalar que los cristianos eran unos hipócritas, comentario que fue aceptado por el profesor. Algunos alumnos llevaron pegatinas ofensivas contra la Fe y donde se reclamaba la retirada de la asignatura de Religión Católica de los colegios, con algún dibujo sobre el tema. Varias alumnas llevaron prendas de vestir que hacían mención ofensiva al Cristianismo y a sus máximas autoridades (clero, obispos y Papa). El alumno perseguido informó de que no asistiría a clase, en señal de protesta, hasta que desde el profesorado y alumnado se tomara la decisión de respetar las creencias religiosas (de un modo particular la católica, pues era la más ofendida) de un modo eficaz, y no se vieran transgredidas por nadie del centro, especialmente por el profesorado.

Otro caso: en un instituto público, un profesor de Lengua dice que el Papa es un viejo chocho, que tiene sus años y chochea.

Y otro más: en un colegio concertado aconfesional, el profesor de Religión Católica en primaria dice a sus alumnos que ir a misa es una tontería.

Y otro: en un instituto público, una profesora es acosada por la dirección del instituto, por sus principios morales, y se ve obligada a cambiar de centro.

En un colegio concertado aconfesional, el claustro decidió suprimir la asignatura de Religión Católica porque algunos padres no estaban de acuerdo con que se impartiera. Una breve movilización de unos padres revertió el proceso.

En un instituto público, la profesora de Filosofía entregó a sus alumnos unos apuntes en los que se afirmaba (falsamente) que a Galileo le mató la Iglesia.

En otro instituto público, las clases de la asignatura de Religión Católica se imparten con tan poco celo que se llega a dedicar la mayor parte del tiempo de clase a hablar de política en el sentido más corriente de la palabra. El profesor de la asignatura les dice, a sus alumnos de 2º de ESO, que habría que matar a todos los dictadores, pero es una pena que no haya quien lo haga. Este profesor, que además es sacerdote, usa con regularidad un lenguaje inapropiado: “qué coño van a ser…”, “no te jode…”).

En un colegio público, la persona responsable de la asignatura de Religión Católica niega explícitamente ante sus alumnos la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

En un instituto público, una alumna de bachillerato acudió a un sacerdote de su confianza, con un escrito de tres páginas, rogándole que convenciera a sus padres para que la quitaran de la asignatura de Religión, pues le escandalizaba lo que en ella tenía que escuchar.

En un instituto público, una alumna llevaba puesto un escapulario en el cuello, lo cual molestó a una profesora que le preguntó “¿qué llevas ahí?”, ella contestó que era un escapulario de la Virgen del Carmen. La profesora le dijo que eso no lo admitía en su clase, que no permitía ningún signo religioso y que se lo quitara. Ella dijo que no se lo iba a quitar y la profesora la echó de clase. Tras media hora en el pasillo, y casi al finalizar la clase, la profesora salió a buscarla y le dijo que ese hecho debía quedar entre ellas.

Otro caso, que salió en medios, fue el de la profesora Susana Fernández de Córdoba por el injusto atropello al que se vio sometida por parte de dos compañeros de trabajo, que le hicieron retirar dos símbolos religiosos de su mesa de trabajo, en el IES Al-Zujayr, de la localidad granadina de Zújar. Si en el departamento de Dibujo hay reglas o compases, en el departamento de Francés hay una maqueta de la Torre Eiffel, ¿qué tiene de raro una cruz o un icono de la Virgen en el departamento de Religión?

10 «confusiones», bien detalladas, que provocan las leyes LGTB: científicas, médicas y jurídicas…

La Comunidad Valenciana, dirigida por dos partidos de izquierdas como PSOE y Compromís, ha aprobado en apenas dos años sendas leyes LGTBI que imponen la ideología de género y sancionan la discrepancia ante esta ideología desde cualquier punto de vista ya sea científico, jurídico o religioso. Esta es una tendencia que se ha dado en otras regiones españolas, pero también en otras partes el mundo.

Ante esta situación, el doctor en Derecho y profesor de la Universidad Católica de Valencia, Alejandro J. López Oliva ha analizado estas leyes de manera pormenorizada, aunque en buena parte es extensible al resto de normativas LGTB que se han ido aprobando, y ha preparado este decálogo sobre las graves confusiones que en distintos ámbitos provocan en los ciudadanos. Lo publica el Observatorio de Bioética de Valencia:

Decálogo de confusiones de las leyes valencianas sobre ideología de género

1. Confusión de la naturaleza sexuada del ser humano (varón o mujer) con las diferentes orientaciones sexuales y sus diversas expresiones e identidades (homosexual, bisexual, intersexual, asexual, transexual, pansexual, demisexual, antrosexual, heterosexual, polisexual, hiposexual, etc.), como si también fueran sexos de la especie humana y existiera una diversidad sexual.

El ser humano tiene una naturaleza sexual binaria, biológica y objetiva que determina el desarrollo de un individuo desde la misma unión de los gametos. En la especie humana no hay diversidad sexual, ni sexo hermafrodita como en algunos animales invertebrados, ni sexo neutro como en el género gramatical del lenguaje. Los pares de cromosomas XY y XX son responsables de la diferenciación sexual binaria masculina y femenina, aunque otros cromosomas como los del par 1, 9 y 19 también contienen genes que codifican características masculinizantes o feminizantes. Un reciente trabajo ha identificado cerca de 6500 genes que codifican proteínas que reaccionan de forma diferente en los sexos masculino y femenino (Gershoni, M., & Pietrokovski, S. The landscape of sex-differential transcriptome and its consequent selection in human adults. BMC biology. 2017;15(1):7). Todo ser humano nace con sexo biológico habiendo una predisposición innata hacia uno u otro comportamiento sexual independientemente del entorno y de la educación recibida (Connellan, J., Baron-Cohen, S.,  Wheelwright, S., Batkia, A.,  & Ahluwalia, J. (2000). Sex differences in human neonatal social perception. Infant Behavior and Development, 23 (1), 113-8). No tenemos sexo, sino que somos sexuados. La gran mayoría de aspectos anatómicos y fisiológicos que caracterizan la corporalidad humana está impregnada de la realidad sexual masculina o femenina (densidad ósea; grosor y textura de la piel; función hormonal; estructura, conectividad y funcionamiento cerebral; etc).

Ni la sexualidad, ni el sexo, ni el género son hechos meramente culturales, más bien, las disposiciones biológicas configuran fuertemente “todos los niveles” de lo humano predisponiéndolo a un desarrollo masculino o femenino.

Existen los llamados Desórdenes del Desarrollo Sexual (conocidos como DSD, siglas en inglés de “disorders of sex development”), consistentes en la manifestación de anomalías en la constitución genotípica y fenotípica del individuo, que ocasionan que ciertos individuos presenten o bien genitales ambiguos, o bien rasgos virilizantes en mujeres o feminizantes en varones, cuyo origen suelen ser defectos en determinados genes que pueden perturbar, tanto la conformación anatómica de los genitales y las características sexuales externas, como la función endocrina y la fertilidad. (Ainsworth, C. (2015). Sex redefined. Nature, 518 (7538), 28891). Entre los más comunes, pueden citarse los síndromes de Klinefelter y Turner y sus variantes, las disgenesias gonadales, hipospadias, quimera ovotesticular (hermafroditismo verdadero), hiperplasia suprarrenal congénita (pseudohermafroditismo femenino) y el síndrome de insensibilidad androgénica completa o parcial (síndrome de Morris, feminización testicular o pseudohermafroditismo masculino). No se trata de cuerpos no binarios ni de diferencias o variaciones en el desarrollo sexual. Son anomalías o desórdenes de la manifestación fisiológica que, en estado de homeostasis, muestran los individuos de la especie humana, en forma de varones o mujeres. La frecuencia real de los estados de indefinición sexual o intersexualidad (varones con estructuras sexuales femeninas y viceversa) es extremadamente baja, del orden de 4,5 por 100.000 individuos, consideradas como enfermedades raras, tal como afirman algunos autores (Sax L. How common is intersex? A response to Anne Fausto-Sterling. The Journal of Sex Research. 2002; 39(3):174). Se trata de infrecuentes excepciones a la norma marcada por la naturaleza.

En consecuencia, las personas que tienen la sensación de pertenecer al sexo opuesto o en algún punto intermedio no son un tercer grupo sexual, siguen siendo hombres o mujeres biológicos. No en vano, el hecho de modificar el nombre y/o el sexo existente en el Registro civil, o el hecho de modificar la apariencia física externa o los caracteres sexuales secundarios por medio de una intervención quirúrgica (denominada cambio de sexo) o por medio de un tratamiento hormonal (bloqueo o tratamiento cruzado), no cambian el sexo biológico de la persona.

2. Confusión de la admisión y promoción de una única concepción, visión y perspectiva concreta de la sexualidad humana (ideología o perspectiva de género) con el respeto y no discriminación a las personas del colectivo LGTBI. De los textos legales se desprende que, si no se asume, promueve, difunde o fomenta la perspectiva de género en materia afectivo sexual (diversidad sexual, cuerpos no binarios, etc.) no se respeta y se está discriminando a las personas del colectivo LGTBI.

La obligación de asumir la perspectiva de género en materia afectivo sexual afecta a todas las personas, físicas o jurídicas, privadas (docentes, profesionales, religiones monoteístas, etc.) o públicas (administración pública, centros educativos, funcionarios, etc.), de la Comunidad Valenciana (arts. 2 Ley 8/2017; 3 Ley 23/2018) vulnerando el régimen de derechos y libertades fundamentales de las personas que discrepan o no asumen ni comparten la ideología y perspectiva de género, tengan la orientación sexual que tengan y la expresen como la expresen. Todos, sea cual sea nuestra conducta sexual o nuestra percepción sobre nuestra sexualidad, somos acreedores a todo el respeto que merecemos como personas, pero sobre nuestra conducta, percepciones e ideas y estilo de vida se puede opinar. Como respetar a un socialista no implica tener que aceptar el socialismo pues de lo contrario le estás discriminando, o como respetar la dignidad humana de un cristiano o de un musulmán no significa que todos deban afirmar la verdad del cristianismo o de la religión islámica o de lo contrario se le está discriminando. La conducta y percepción personal sobre la sexualidad, como la adscripción ideológica o religiosa, deben ser respetadas; pero ese respeto no exige la adhesión de terceros a las opciones en libertad de aquel al que se respeta. El respeto y la no discriminación no implica adhesión y asunción de una concepción o perspectiva concreta de la sexualidad. El respeto y la no discriminación implica libertad (de pensamiento, religión, expresión, comunicación, educación, etc.) en materia afectivo sexual.

Asumir una concreta concepción, visión o perspectiva de la sexualidad humana como ética y moral institucional, excluyendo al resto de concepciones o perspectivas existentes en una sociedad libre y plural, conlleva imponerla a aquellos que discrepan o se oponen, que serán excluidos por prejuicios socio-culturales y/o sanciones administrativas, vulnerando los valores superiores del ordenamiento jurídico de libertad, igualdad y pluralidad, así como varios derechos fundamentales y libertades públicas de las personas.

3. Confusión del sentimiento de la persona en materia afectivo sexual con la identidad de género. La identidad y expresión de género de la persona se identifica únicamente con el sentimiento (art. 4.1, 4.2 y 4.3 Ley 8/2017; arts. 4.2 y 4.3 Ley 23/2018), íntimo, subjetivo y cambiante, excluyéndose al resto de dimensiones de la persona como son las dimensiones física, racional o intelectual y la espiritual.

Debe tenerse en cuenta la comorbilidad psiquiátrica que puede obstaculizar la evaluación diagnóstica o el tratamiento de la disforia de género (Grossman, A. H., & D’Augelli, A. R. (2007). Transgender youth and life-threatening behaviours. Suicide Life Threat Behav, 37, 527-537). Cuando un niño y una niña, biológicamente sanos, creen que son lo contrario a su sexo biológico, se produce un problema psicológico, no físico y, por tanto, debería ser tratado como tal. Estos niños sufren disforia de género. La disforia de género (GD) está reconocida como un trastorno mental en el Manual de Diagnósticos y Estadísticas de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-V) de aplicación universal clínico – médica.

La omisión del estudio de la posible comorbilidad (TEA, ansiedad, depresión, tendencias suicidas, etc.) ante la aparición de los primeros signos de conducta incongruente de género, y la aceptación, sin más, de la existencia de una inequívoca tendencia transexual que debe promoverse por el sentimiento íntimo y subjetivo de la persona, resulta, cuando menos, imprudente, y asume riesgos inaceptables especialmente para los menores de edad, que pueden verse privados de la atención necesaria para el tratamiento de otros trastornos que podrían comprometer su salud posterior (Glidden, D., Bouman, W., Jones, B., & Arcelus, J. (2016). Gender Dysphoria and Autism Spectrum Disorder: A Systematic Review of the Literature. Sex Med Rev, 4, 3-14). De hecho, la mayoría de los menores con un comportamiento no conforme con el género no resultan tener una identidad transgénero (Rosenthal, S. (2014). Approach to the patient: transgender youth: endocrine considerations. J Clin Endocrinol Metab., 99(12), 4379-89; Wallien, M. S., & Cohen-Kettenis, P. T. (2008). Psychosexual outcome of gender-dysphoric children. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry, 47, 1413-23).

Al respecto, conviene destacar que “la mayoría de los varones y de las mujeres que durante la infancia confunden su género (disforia de género), finalmente aceptan su sexo biológico tras pasar por la pubertad” (Wallien, M.S., & Cohen-Kettenis, P.T. (2008). Psychosexual outcome of gender-dysphoric children. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry, 47, 1413-23; Drummond, K.D., Bradley, S.J.-B., & Zucker, K.J. (2008). A follow-up study of girls with gender identity disorder. Dev Psychol, 44, 34-45), y que “los niños que utilizan bloqueadores de la pubertad para realizar un cambio de sexo, necesitarán hormonas del sexo opuesto durante una adolescencia tardía. La utilización de las hormonas sexuales como la testosterona y los estrógenos del sexo opuesto conllevan riesgos para la salud. La ingesta de hormonas puede provocar presión arterial disparada; coágulos de sangre; accidentes cerebrovasculares y cáncer. Las tasas de suicidio son veinte veces mayores en los adultos que usan hormonas del sexo opuesto y/o se someten a una cirugía de cambio de sexo” (Dhejne, C., Lichtenstein, P., Boman, M., Johansson, A. L., Långström, N., & Landén, M. (2011). Long-Term Follow-Up of Transsexual Persons Undergoing Sex Reassignment Surgery: Cohort Study in Sweden. PLoS One, 6, e16885; Mayer, L., & McHugh, P. (2016). Sexuality and Gender Findings from the Biological, Psychological, and Social Sciences. The New Atlantis(50), 4-144).

Esta confusión del sentimiento con la identidad de género, impide una educación afectivo sexual integral puesto que se imparte desde una perspectiva de género basada en el sentimiento subjetivo e íntimo de la persona (autopercepción), suprimiendo la razón, el entendimiento, la biología y la neurociencia contrastadas propios de la naturaleza humana. La educación debería de ser integral y no desde perspectivas o ideologías concretas que vulneran los derechos fundamentales y las libertades públicas del resto de las personas que no las comparten (ej. ciencia contrastada, religiones monoteístas, convicciones morales y filosóficas, etc).

Y de esta manera se excluye a quienes piensen y opinen que la sexualidad personal (los propios deseos, conductas, afectos o pulsiones) con su género es un ámbito de la libertad personal que no vincula a los demás en una sociedad libre. Cada uno debería poder hacer o sentir lo que quiera en materia afectivo sexual (con los límites del código penal) pero los demás deberían de tener la misma libertad para considerar lo que uno hace o desea como bueno o malo, admirable o no, digno de ser visto o no, especialmente si afecta a menores de edad.

4. Confusión del derecho de igualdad y no discriminación de todas las personas con el proselitismo institucional en materia afectivo sexual y la discriminación favorable o positiva del colectivo LGTBI, que cuenta con un estatus jurídico singular (Ley 8/2017 y Ley 23/2018) con derechos más potentes que el resto de los ciudadanos.

Que la administración pública aplique políticas, cree estructuras institucionales y financie a entidades de la sociedad civil para que difundan, promuevan y sensibilicen a toda la ciudadanía en la diversidad sexual, propia de la ideología o perspectiva de género que asume el colectivo LGTBI, incluyendo la educación de los menores de edad en los centros educativos, vulnera el deber constitucional que tiene la administración pública de servir con objetividad a los intereses generales (art. 103.1 CE) así como varios derechos fundamentales y libertades públicas (entre otros, arts. 9.2, 14, 16, 20 y 27 CE), como el derecho fundamental de igualdad y no discriminación por la orientación sexual de los ciudadanos.

Que la administración pública se identifique con la antropología y concepción de la sexualidad (perspectiva de género) que tiene una parte de la sociedad civil a la que pertenece el colectivo LGTBI (diversidad sexual, cuerpos no binarios, etc.), destinando el dinero público a apoyar su movimiento asociativo (art. 8.4 Ley 23/2018), a elaborar y aplicar planes municipales LGTBI  (art. 8.5 Ley 23/18) y políticas de empleo para personas LGTBI (art. 27.1 Ley 23/18), a crear y financiar un Consejo Valenciano LGTBI  (art. 10 Ley 23/18), un Consejo Consultivo Trans (art. 12 Ley 8/17), un Espacio de Memoria LGTBI (art. 38 Ley 23/18), y un servicio público informativo y de asesoramiento para las personas LGTBI (art. 13.1 Ley 23/18; art. 10 Ley 8/17), así como a introducir esta concepción en los proyectos educativos, en los documentos del colegio, en los planes tutoriales, en los currículums, y en la formación de toda la comunidad educativa en colaboración con el colectivo LGTBI (art. 24 Ley 23/18; arts. 21 a 24 Ley 8/17), y a prohibir que los miembros del colectivo LGTBI puedan ser ayudados por terceras personas a modificar su identidad o expresión de género aunque lo quieran (arts. 6 Ley 8/17; art. 7 Ley 23/18) en ejercicio de su libertad (como en su día hicieron David Reimer, Walter Heyer, Alan Finch, Mike Penner, Nancy Verhelst, Richard A. Cohen, …), etc., excluye y discrimina al resto de movimientos asociativos (ej. familiares, religiosos, científicos, profesionales, etc.) y al resto de perspectivas o criterios que existen en la sociedad civil en materia afectivo sexual (ej. ciencia contrastada, religiones monoteístas, concepciones filosóficas y morales, etc.), a quienes se les impone una concreta concepción afectivo sexual de la persona, vulnerando el deber constitucional que tiene la administración pública de servir con objetividad a los intereses generales (art. 103.1 CE) así como varios derechos fundamentales de las personas (arts. 9.2, 14, 16, 20 y 27 CE).

Los seres humanos deberíamos tener los mismos derechos y obligaciones sea cual sea nuestra autopercepción de la sexualidad y nadie debería de poder imponer a los demás como vinculante esa autopercepción sentida o percepción subjetiva e íntima (sentimiento), violando los derechos de igualdad, pensamiento, ideología, religión y educación, entre otros.Estos derechos y libertades son vulnerados por la discriminación positiva o favorable de las personas dependiendo de su orientación sexual, en donde, por imperativo legal (Ley 8/17 y Ley 23/18), la concepción afectivo sexual del colectivo LGTBI es una ética – moral institucional o de Estado que se ha de promover, fomentar, financiar, estudiar y difundir en todos los ámbitos de la sociedad civil (juventud, medios de comunicación, deportes, cultura, sanidad, educación, familia, etc.), especialmente en la educación con menores de edad sin autorización ni consentimiento previo y expreso de sus padres.

Es impropio de un Estado social y democrático de Derecho el proselitismo y dogmatismo institucional en materia afectivo sexual (sensibilización adecuada, discriminación y visibilización positiva, promoción institucional, financiación pública, constitución de órganos de control y supervisión) acorde a una ideología concreta (perspectiva de género), aplicando la inversión de la carga de la prueba (arts. 46 Ley 8/17 y 57 Ley 23/18) y un procedimiento coactivo sancionador en caso de discrepancia u oposición (Título VI Ley 8/17 y Título V Ley 23/18).

5. Confusión del concepto “orientación sexual” con el afecto o la atracción afectiva (art. 4.1 Ley 23/18). Por imperativo legal y con carácter general, todos los varones que “sientan afecto o atracción afectiva” por su padre y por su madre, hermano y hermana, amigo, amiga o por varios amigos y amigas, así como todas las mujeres que “sientan afecto o atracción afectiva” por su madre y su padre, hermana y hermano, por una amiga, amigo o por varias amigas y amigos, tienen una orientación bisexual y son bisexuales. En consecuencia, por imperativo legal, la excepción de la especie humana está integrada por personas con orientación heterosexual u homosexual.

6. Confusión del concepto “familia” con la afectividad y la amistad (art. 4.9 Ley 23/2018). La norma equipara la familia con la amistad al definirla como “conjunto de personas que mantienen una relación de afectividad entre ellas, tengan o no descendencia”. En consecuencia, una comunidad religiosa, una falla, una cofradía, un grupo de amigos, y cualquier grupo de personas que mantengan una relación de afectividad entre ellas (relación de amistad) son, por imperativo legal, una familia o grupo familiar. ¿Se les puede aplicar el derecho de familia?

7. Confusión del concepto “identidad de género” con el sentimiento (interno e individual) de la persona (arts. 4.2 Ley 23/2018; art. 4.1 Ley 8/2017). La identidad de género de la persona es bastante más que el sentimiento subjetivo, individual y cambiante (ej. pasiones, frustración, culpa, celos, felicidad, sorpresa, etc.). Por imperativo legal, se excluye al resto de las dimensiones de la persona necesarias en la determinación de la identidad, como la dimensión física (ej. biología, neurociencia, etc.), la espiritual (ej. Fe, esperanza, etc.) y la intelectual (ej. razón, pensamiento, etc.), y se nos equipara al mundo animal con quienes compartimos la capacidad de sentir. La persona, al estar dotada de espíritu y raciocinio e intelecto, es distinta al resto de las especies animales. El sentimiento subjetivo e interno de la persona no autodetermina su género, pues éste es mucho más que su sentimiento.

Es un grave error antropológico afirmar que la mera manifestación del sentimiento subjetivo e interno autodetermina el género de la persona, y es un grave error jurídico que un sentimiento subjetivo e interno determine obligaciones en terceros, cuando, por mera definición, un sentimiento no es un derecho.

Genera una gran arbitrariedad e inseguridad jurídica atribuir unos derechos preferentes que obligan a terceros en base a un sentimiento que no puede objetivarse. Por ejemplo, si un varón manifiesta que se siente mujer (género sentido) en su centro educativo (CEIP, Instituto o Universidad), no se le puede exigir que lo acredite (ej. documentación clínico-médica) y se le debe permitir acceder a las duchas y a los servicios de las chicas (art. 21.1.f Ley 8/17), y tanto estas como el centro educativo no pueden oponerse ni negarse.

8. Confundir violencia familiar con no respetar al menor en materia de género (art. 34.1 Ley 8/2017). No es lo mismo la violencia familiar que no respetar al menor, pues de ser así, el código penal habría que ampliarlo a multitud de casos cotidianos de disparidad de opiniones y criterios entre los padres o tutores y sus hijos o pupilos que supondrían una limitación y/o supresión del ejercicio de la patria potestad así como de derechos y libertades fundamentales (ej. libertad de pensamiento, ideológica, de religión, etc.), como el derecho constitucional que tienen los padres a educar a sus hijos en materia afectivo sexual y de género según sus convicciones y el correlativo deber que tienen los poderes públicos a tener que garantizarlo (art. 27.3 CE). Téngase en cuenta que respetar el sentimiento del menor no implica la necesaria adhesión y asunción por parte de sus padres o legales representantes, pues estos son los titulares de la patria potestad y deberán decidir lo mejor para el menor atendiendo a sus circunstancias (edad, madurez, entorno socio cultural, etc.).

Según se afirma en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5) “…a diferencia de algunas teorías constructivistas sociales, se considera que los factores biológicos son los que contribuyen, en interacción con los factores sociales y psicológicos, al desarrollo del género”. Nadie nace con género, nadie nace con la conciencia de sí mismo como varón o mujer, y los menores adquieren esa conciencia con el tiempo, y, como todos los procesos del desarrollo, puede ser descarrilado por las percepciones subjetivas de la infancia, las relaciones, y las experiencias negativas ocurridas desde la infancia, en donde los padres tienen el derecho – deber de ayudarles, orientarles y acompañarles según sus convicciones.

Lo característico de la minoría de edad es su falta de capacidad civil al carecer de conocimiento de causa y de madurez suficiente por sus circunstancias psicofísicas, razón por la que existe la representación legal e institución de la patria potestad que tiene como deber y facultad, entre otros, “tener en su compañía, alimentar, educar y procurar una formación integral” de sus hijos (art. 154.1º Código Civil). Las familias tienen el derecho-deber de educar, formar, orientar y acompañar en la maduración afectivo sexual y de género de sus hijos menores de edad de conformidad a sus convicciones. El ejercicio libre y efectivo de este derecho educativo constitucional en beneficio e interés del menor, aunque éste no lo entienda ni comparta, no es violencia familiar.

9. Confusión de la realidad biológica binaria de la especie humana con una concepción ideológica de la sexualidad (art. 23.2.a Ley 23/2018). Que la naturaleza humana sea binaria “no es un concepto” o una perspectiva heteronormativa generadora de prejuicios hacia orientaciones sexuales no heterosexuales, “es la realidad objetiva científicamente constatable”. La naturaleza humana sexuada no es un prejuicio ni un concepto, es un hecho y es una realidad científicamente contrastada. En cualquier libro de ciencias se hablará del aparato genital y reproductor masculino, y del aparato genital y reproductor femenino, así como que el aparato femenino es el único capacitado para dar a luz a nuevos seres humanos. No hay diversidad sexual ni cuerpos no binarios. No es de recibo equiparar la realidad binaria de la naturaleza humana auspiciada por la ciencia universal con el sexismo, el odio a las personas con orientaciones no heterosexuales o la violencia machista.

Ni la sexualidad, ni el sexo, ni el género son hechos meramente culturales, más bien, las disposiciones biológicas configuran fuertemente “todos los niveles” de lo humano predisponiéndolo a un desarrollo masculino o femenino (Connellan, J., Baron-Cohen, S., Wheelwright, S., Batkia, A.,  & Ahluwalia, J. (2000). Sex differences in human neonatal social perception. Infant Behavior and Development, 23 (1), 113-8).

10. Confusión del derecho constitucional de educación que tienen los ciudadanos (art. 27.3 CE) con un derecho de la administración pública de educar en materia afectivo-sexual a menores de edad (art. 38 Ley 26/2018). Las Consellerias competentes en materia de educación y salud impartirán una educación afectivo sexual a los menores de la Comunidad Valenciana, preferentemente en el ámbito escolar, desde una perspectiva inclusiva y de género.

Las personas físicas son los titulares de los derechos fundamentales de ideología, pensamiento, religión, expresión y educación (arts. 16, 20 y 27 CE), y los poderes públicos tienen la obligación de atender al interés general con sometimiento pleno a la ley y al Derecho (art. 103.1 CE). Los padres tienen el derecho constitucional de educar a sus hijos según sus convicciones y los poderes públicos el deber de garantizarlo (art. 27.3 CE), razón por la que los menores de edad son responsabilidad de sus padres o tutores (art. 154 CC.) y no de la administración pública, salvo en situaciones extraordinarias de desamparo. El derecho a la educación es titularidad del menor de edad por medio de la voluntad de sus legales representantes, no es de la administración pública.

Una de las medidas de control del ejercicio del poder es, precisamente, el principio de neutralidad, que debe inspirar la actividad de “todas las instituciones públicas”, especialmente las que tienen competencias educativas, según se desprende de la doctrina del Tribunal Constitucional (SSTC 4/1981, de 2 de febrero; 5/1981, de 23 de febrero; 53/1985, de 11 de abril; etc.) y de la legislación educativa vigente (arts. 4.1.c y 18.1 Ley 8/1985; art. 1.h.bis Ley 2/2006). El mandato constitucional de neutralidad implica que no haya ideologías o perspectivas concretas por parte de las instituciones públicas y en sus actividades.

La educación afectivo sexual de los menores de edad es una materia concerniente a sus sentimientos, emociones, afectos y convicciones, razón por la que la administración pública carece de competencia para impartirla desde una perspectiva concreta ajena a la ciencia contrastada y a las convicciones de las familias.

FUENTE: https://www.religionenlibertad.com/polemicas/120627063/CONFUSIONES-LEYES-LGTB.html?utm_source=boletin&utm_medium=mail&utm_campaign=boletin&origin=newsletter&id=31&tipo=3&identificador=120627063&id_boletin=823563320&cod_suscriptor=445331

Adoctrinamiento escolar en todos los frentes

Se usan todos los frentes posibles para inculcar a nuestros hijos los valores políticamente correctos: por medio de los libros de texto, del profesorado, de las actividades complementarias y extraescolares, de la legislación, de los sindicatos, de las asociaciones de padres, de las consejerías y de muchas asociaciones con entrada libre en los centros escolares, saltándose en muchas ocasiones la norma de la previa autorización por parte del servicio de inspección.

Es evidente que si mañana entramos en un centro escolar, lo más probable es que no observemos nada raro, pues son cosas que suceden en momentos puntuales, en un aula determinada, etc.; pero el bombardeo total de actividades al que está sometido un estudiante anualmente es bastante más elevado de lo que parece.

Hay varios temas recurrentes, como el de la afectividad y sexualidad, en los que se está librando una batalla importante. No es muy necesario enseñar en clase que robar, mentir o drogarse es malo: socialmente está aceptada la idea de que no debe robarse, que hay que decir la verdad y que las drogas son malas; así, estos temas no generan dificultades si se tratan en las aulas. Sin embargo, el tema del sexo es diferente. Hay posiciones enfrentadas: desde aquellos que parecen optar por la promiscuidad basada en la búsqueda de placer, hasta otros que desean una educación sexual basada en el dominio de los instintos con un grado de compromiso.

Otro tema recurrente será el de la persecución religiosa, plasmada en un acoso a los católicos, tanto alumnos como profesores; tenemos también el asunto del independentismo, con implicaciones en la lengua utilizada, como sucede en los centros catalanes y cada vez más en otras comunidades. Existe también un adoctrinamiento en política, cuando el profesorado se excede y trata de convencer a los alumnos de que su partido es el mejor, o que los otros son peores.

¿Es la meditación Zen compatible con el Catolicismo?

Se trata de otra terapia de la Nueva Era en este caso relacionada con la meditación. La palabra Zen viene del japonés y su significado es “meditar sentado”. Se trata de una escuela budista que tiene por enseñanza central lograr la plena realización del yo mediante la iluminación. Llaman “Iluminación” a un estado de la mente que se ha logrado tras eliminar de ella todos los problemas, interferencias sensoriales, pertubaciones, etc. Se logra a través de vaciarse y de concentrarse mentalmente, es una visión del interior, que da paz y gozo, y que nos lleva a la plena autorrealización personal.

Por ello esta terapia, busca alcanzar este estado de iluminación mediante la “postura zazen” junto con otra serie de ejercicios basados en la concentración, el vaciar la mente, respirar etc. Esta postura zazen es la “posición del loto”, o sea pierna derecha sobre muslo izquierdo y pierna izquierda sobre el derecho y el resto del cuerpo recto.

Una vez que la persona ya ha adquirido esta postura, ahora comienzan con los ejercicios de concentración y posteriormente con el vacío de la mente, del interior hasta llegar al estado de “iluminación”.

Digamos que la historia del zen en occidente comienza en el siglo XX y uno de los principales promotores del mismo fue Daisetsu Teitaro Suzuki que mediante sus libros y conferencias lo fue extendiendo sobre todo por Estados Unidos y Europa. Murió en 1966 en Japón, en esa fecha su filosofía budista y del zen había ya influenciado a grandes personalidades como Einstein, Jung, Heidegger etc, y se había extendido por varios países.

¿Por qué la meditación Zen no es compatible con el catolicismo?

No hablan para nada de Dios ni tampoco creen en él. El zen profesa el Pancosmismo: Es la creencia en el Cosmo-todo, es decir el Universo y el Cosmo es todo, lo único existente y eterno. En esta creencia no queda sitio ni para Dios creador ni para que la divinidad intervenga en el mundo. Claramente sabemos que es totalmente incompatible con la fe católica que enseña que hay diferencia entre la creación y el creador (Juan 1,3).

En este método se da una gran importancia al vacio. Para el “zen” el vaciarse o ponerse en blanco, es fundamental para alcanzar los niveles más superiores y elevados. Esto lo han copiado del taoísmo, para ello meditan para aprender a vaciarse de todo. Con esto creen poder percibir todo de una manera más pura y limpia. Sin embargo el cristianismo enseña todo lo contrario, debemos llenarnos de gracia, de Dios y de fe. (Hechos 6,3; Efesios 3,19; Hechos 6,8).

Caen en un pelagianismo ya que intentan mediante métodos de meditación borrarse a si mismo, para purificarse y llegar a la “iluminación”, esto es mediante el esfuerzo personal uno puede llegar al máximo nivel. La doctrina pelagiana enseña lo mismo, no necesitamos de Cristo, ni de la gracia, ni de los sacramentos , ni de la Iglesia, basta solo mis propias fuerzas, mi esfuerzo personal para salvarme. La Bíblia claramente condena el pelagianismo: Fil 2,13; Juan 15,5.

Su diferencia con la oración cristiana. Además, debemos tener claro el concepto de oración cristiana: “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”(San Juan Damasceno, Expositio fidei, 68 [De fide orthodoxa 3, 24]) (Catecismo Iglesia Católica 2559). Esto es algo no pasa en el “zen” ya que cuando práctica la meditación sentada (zen o zazen) busca quedarse quieto y tranquilo, dejar pasar todo, palabras, pensamientos, imágenes, sin comprometerse con ellos, vaciándose de todos ellos, observándote a ti y al mundo de esta forma enseñan que se puede calmar el alma y el cuerpo, es decir, tu miras hacia ti mismo no elevas tu mente y corazón a Dios como se hace en la oración cristiana.

FUENTE: https://www.religionenlibertad.com/blog/545803395/Es-la-meditacion-Zen-compatible-con-el-Catolicismo.html?utm_source=boletin&utm_medium=mail&utm_campaign=boletin&origin=newsletter&id=31&tipo=3&identificador=545803395&id_boletin=799959848&cod_suscriptor=445331

La perturbadora historia del centro que «reasigna el género»

Solo en el último año, más de 2500 niños ingleses han sido derivados al centro encargado de la reasignación de género. Hace algunos días, el Times de Londres, abanderado del pensamiento progresista, dedicó al asunto dos páginas enteras. La noticia de actualidad era la dimisión de cinco médicos cuya tarea era decidir a qué niños aplicar el tratamiento de interrupción de la pubertad. ¿Por qué dimitieron los médicos? Porque sufrían fuertes presiones para orientar hacia el cambio de sexo a niños cuyos problemas psicológicos no se habían podido determinar ni estudiar suficientemente.

La Nuova Bussola Quotidiana ya se ocupó del caso, yo me limitaré a algunas consideraciones sobre el centro donde se llevan a cabo tales experimentos: The Tavistock Centre.

Un centro instituido en nombre de la ciencia que se supone tiene por objeto fines puramente científicos. Conviene aclararse sobre el significado de las palabras: en nombre de la ciencia, durante la Segunda Guerra Mundial los japoneses llevaron a cabo en Manchuria experimentos a gran escala para medir con precisión cuánto tiempo tardaban en morir personas sometidas a diversos tipos de tortura.

El Tavistock Centre, pues…

Puede decirse que fui amiga de Ettore Bernabei, una de las personalidades que más contribuyeron a los éxitos de la Italia católica en la postguerra. Charlando con él una tarde en su casa, me enseñó un libro subrayado con esmero que yo, por motivos diversos, había decidido no comprar: Masones, del gran maestro del Gran Oriente Democrático Gioele Magaldi. Una lectura interesante.

Es cierto que para los profanos, entre los que me incluyo, es una lectura cuyos mensajes subyacentes son a menudo difíciles de descifrar. Sin embargo, una información me parece clara, interesante y difícilmente sospechosa de parcialidad: la historia del Tavistock Centre. Para contarla, recurro a Magaldi como única fuente de información. El gran maestro me perdonará.

El Instituto Tavistock nació en Londres en 1920 como clínica psiquiátrica. En 1921 “se realizaron en él investigaciones en veteranos de la Primera Guerra Mundial sobre psicosis traumáticas causadas por los bombardeos. Se trataba de identificar con criterios científicos el ‘umbral de ruptura’ de la resistencia de un ser humano sometido a tensiones límite”. En 1932 se unió al grupo de científicos un “infiltrado alemán”, un “especialista en ‘dinámicas de grupo’, es decir, técnicas de manipulación del individuo perteneciente a un grupo, orientadas a que adquiera una nueva personalidad y nuevos valores”.

En la segunda postguerra, el instituto propuso “un proyecto ambicioso: aplicar nada menos que a toda la sociedad los resultados de aquellos estudios sobre el ‘umbral de ruptura’, perfeccionados durante las dos guerras mundiales, para destruir toda resistencia psicológica en el individuo y ponerlo a merced del Nuevo Orden Mundial”… “En los años 60 fue el mismo Tavistock, en colaboración con los servicios secretos ingleses, quien pilotó el experimento de la difusión y utilización de drogas” en “experimentos de ‘ingeniería social’ por medio de las drogas”.

Según Magaldi, el objetivo principal del Tavistock de hoy “es, en última instancia, la investigación sobre formas de provocar ‘cambios de los paradigmas culturales’ en las sociedades humanas por medio de la instauración de ‘ambientes sociales perturbados’ o la manipulación de las ‘dinámicas ocultas de grupo’. A modo de ensayo, en 1989 se celebró en el instituto Tavistock un ciclo de conferencias sobre el tema El papel de las ONG en el debilitamiento de los Estados nacionales”. Y añade: “La red de control de la mente del individuo y de los comportamientos colectivos orientados a crear, con el apoyo de las grandes fundaciones, el pensamiento único que funde una nueva escala de valores ‘políticamente correctos’ se ha difundido en pocos decenios por todo Occidente, como cualquiera puede ver”.

Creo que esta lectura aclara en qué contexto “científico” se insertan los experimentos sobre los niños ingleses.

Publicado en el blog de la autora.

Angelia Pellicciari es autora de La verdad sobre Lutero y Una historia de la Iglesia.

Traducción de Carmelo López-Arias.

FUENTE: https://www.religionenlibertad.com/opinion/408422288/La-perturbadora-historia-del-centro-Tavistock-reasigna-genero.html?utm_source=boletin&utm_medium=mail&utm_campaign=boletin&origin=newsletter&id=31&tipo=3&identificador=408422288&id_boletin=799959848&cod_suscriptor=445331