Origen Satánico de la broma de Halloween

De Religión en Libertad (27 de octubre de 2017)

El antiguo satanista colombiano Wilson López explica la importancia que esas sectas conceden a la noche del 31 de octubre y a la perpetuación de sus rituales (entre ellos, el infantil «trastada o regalo»), los cuales, como mínimo, están sustituyendo a la celebración de Todos los Santos. Si quieres ampliar lo que dice en este vídeo, pincha aquí para ver una entrevista a fondo con él, y también pincha aquí para ver el testimonio de su conversión.

 

Dile NO al Halloween (II)

“A los jóvenes hay que ponerlos en guardia claramente”

De la revista “María Mensajera”, nº 368.

No Celebro HalloweenHasta hace pocos años los cristianos de EE.UU, no habían cuestionado la celebración de Halloween, pero la gran cantidad de niños, infantes y gatos desaparecidos ha puesto en guardia a la población. El año pasado, sólo en una ciudad de Texas, se denunció la desaparición de más de 250 gatos negros en los días cercanos al de la celebración.

La historia que reproducimos es relatada en el libro “Más fuertes que el Mal”, del padre Gabriele Amorth y Roberto Italo Zaninio. En la época en que ocurrieron los acontecimientos, es decir, tres años antes de la narración, ella tenía 21 años y él 23. Nunca habían ido a una fiesta de Halloween “porque nos parecía algo estúpido, superficial”.

Los convenció de una manera del todo inesperada “un señor cortés y distinguido”, con quien se encontraban casi a diario en el bar donde toman el aperitivo. Con el transcurrir de los meses y de charlas ocasionales, este individuo se ganó la confianza de la pareja. Cuando los invita a una fiesta de Halloween deciden ir. Craso error. La dirección corresponde a una bella casa de campo. Son bien acogidos, pero todo les parece “un poco ridículo”. Los invitados, unos cincuenta, están con máscaras de brujas, vampiros o zombis. No hay otra iluminación sino la de algunas velas negras. Ellos dos son los únicos que están sin máscara y con la cara descubierta. Todavía no lo sabían, pero habían sido escogidos como víctimas de una misa negra.

Se sienten mal y quieren marcharse, pero tratan de acomodarse al ambiente. Comen y beben. “El señor distinguido del bar” les ofrece unas bebidas. En cierto momento se sienten impactados negativamente por la aparición súbita de un hombre vestido de negro “con un gran manto y un capuchón sobre el rostro. Todos, menos nosotros, se pusieron de rodillas… a cada uno le impuso las manos mientras habían comenzado a hablar una lengua incomprensible…”

¿Quién era este personaje? ¿Un sacerdote de la iglesia de Satán, que hace sus veces, o el mismísimo Demonio? Ellos, que no conocen el mundo de lo oculto y juzgan como “meras fantasías e invenciones”, piensan que se encuentran ante “una especia de juego por la fiesta de Halloween”. Pero esta vez el deseo de marcharse se vuelve apremiante. “Vámonos”, dicen al unísono. Ambos tienen dolor de cabeza y se sienten débiles. Se dirigen a la puerta, pero la encuentran cerrada. Pierden el conocimiento.

Su suerte por la mañana es que todavía están vivos. Primero despertó el chico. Junto a él, la novia está completamente desnuda. En todo su cuerpo hay cortes, rasguños, moratones y diversas señales de abuso. La gran casa está vacía. En el hospital descubren que ella había sufrido abusos sexuales y que en la sangre de ambos corría ketamina (droga disociativa con potencial alucinógeno). Días después vuelve el chico a la casa de campo. El propietario es claro: si no queréis tener problemas, no ha sucedido nada, “para vosotros esa noche jamás existió”.

En los días siguientes la chica es perseguida con llamadas telefónicas anónimas, aterrorizada, ya no sale de casa. Naturalmente, el “señor distinguido” ha desaparecido. Se van a otra ciudad. Se casan. Se entrevistan con un periodista, que naturalmente les garantiza el anonimato, explican que han decidido contar su experiencia porque deben “dar a conocer, sobre todo a los jóvenes que piensan en estas fiestas como algo divertido, que precisamente en Halloween se hacen cosas horrendas. A los jóvenes hay que ponerlos en guardia claramente, ir sin miedo contra la corriente. Mi vida fue arruinada y llevo esas señales en el alma y en la mente.”

“Las misas negras –según Cristina Kneer- se ofician en el campo o en edificios cerrados fuertemente vigilados, y se inician con la invocación de Satán, que muchas veces no se presenta (otras sí) porque, a diferencia de Dios, no puede estar en todas partes. A mitad de la ceremonia son sacrificados animales, como gatos, perros e incluso niños, que antes de ser sacrificados, son violados para despojarlos de su pureza”.

Halloween no es una broma. Todos los años pasan cosas horrendas, como el episodio narrado, para conmemorarlo. Estos jóvenes tuvieron mucha suerte por no haber sido asesinados, aunque quizás no debamos llamarlo suerte sino protección de Dios, que no permitió que la cosa llegase a males peores.

Halloween, fiesta del mal. ¿La llevamos a la escuela?

Halloween, fiesta del Mal por antonomasia

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Halloween, también conocida por “Noche de Brujas”, es una festividad pagana de origen celta, que se celebra principalmente en los países anglosajones. Se remonta a hace más de 2500 años, cuando los pueblos indoeuropeos establecidos en las islas Británicas, celebraban la finalización de la temporada de cosechas. Ese día, el 31 de octubre, el ganado se llevaba de los prados a los establos para el invierno. Los antiguos celtas creían que en esa fecha los espíritus podían salir de los cementerios y apoderarse de los cuerpos de los vivos para resucitar. Para evitarlo, ensuciaban las casas y las “decoraban” con huesos, calaveras (de ahí viene la calabaza en EE.UU.); y demás cosas desagradables, de forma que los muer tos pasaran de largo asustados. Por este motivo, a día de hoy, los hogares se decoran con motivos siniestros en la víspera de la festividad de todos los Santos.

La celebración de Halloween fue exportada a Estados Unidos por emigrantes irlandeses en el siglo XIX (año 1846); donde quedó fuertemente arraigada y desde Norteamérica, a finales de los años 70 y principios de los 80, se extendió al resto del mundo, gracias al cine y a las series de televisión.

Solemnidad de origen pagano donde se rinde culto al ocultismo y a la muerte

Una celebración en la que los ingenuos progenitores, muy contentos, el 31 de octubre, disfrazan a sus hijos de monstruos, muertos, duendes, brujas y demonios. “Es una tradición antigua” –afirman, pero, ¿qué es realmente Halloween?
De acuerdo al calendario internacional de brujos y satanistas, esta fecha es su festejo más importante. En este tiempo son sacrificados miles de niños (o gatos en su sustitución); quienes son secuestrados con anterioridad, para ser torturados, descuartizados y hasta quemados en sacrificios, todo ello en honor al Señor de la muerte: el Diablo.

“Se eligen preferentemente niños, porque son los que aún no han pecado y son los preferidos de Dios” –comenta Cristina Kneer de Vidal, natural de México, que convivió con miembros de la iglesia de Satán.

Durante el día de Halloween se cometen más crímenes y actos tenebrosos que ningún otro día del calendario estadounidense. Es algo más que una buena oportunidad para divertirse y hacer dinero; es algo más que recordar una oscura tradición pagana muy anterior al cristianismo; Halloween es el día más demoniaco, la noche de las brujas o del terror, la fiesta de las fiestas en el calendario satánico, una solemnidad pagana donde se rinde culto al ocultismo y a la muerte.

“Es –como dice Cristina Kneer, antigua satanista convertida al catolicismo, –como si se celebrase el cumpleaños del Diablo”, el inicio del nuevo año satánico.

“La noche de Halloween no debe celebrarse por ningún cristiano pues, es la fecha en la que grupos satánicos sacrifican a jóvenes y niños. No quiero asustar a nadie, todo el mundo es libre de creer lo que quiera, pero mis palabras deben ser tomadas en cuenta, por lo menos pido que me escuchen, razonen y decidan” –añade Kneer.
“Algunos, más ambiciosos, firman un pacto con el Diablo, y a cambio de riqueza y poder ofrecen su alma. Pagan un precio horrible, nunca llegan a tener paz y son brutalmente castigados, aun antes de la muerte”.

“A los jóvenes hay que ponerlos en guardia claramente”

Hasta hace pocos años los cristianos de EE.UU, no habían cuestionado la celebración de Halloween, pero la gran cantidad de niños infantes y gatos negros desaparecidos ha puesto en guardia a la población. El año pasado, sólo en una ciudad de Texas, se denunció la desaparición de más de 250 gatos negros en los días cercanos al de la celebración.

La historia que reproducimos es relatada en el libro “Más fuertes que el Mal”, del padre Gabriele Amorth y Roberto Italo Zaninio. En la época en que ocurrieron los acontecimientos, es decir, tres años antes de la narración, ella tenía 21 años y él 23. Nunca habían ido a una fiesta de Halloween “porque nos parecía algo estúpido, superficial”.

Los convenció de una manera del todo inesperada “un señor cortés y distinguido”, con quien se encontraban casi a diario en el bar donde toman el aperitivo. Con el transcurrir de los meses y de charlas ocasionales, este individuo se ganó la confianza de la pareja. Cuando los invita a una fiesta de Halloween deciden ir. Craso error. La dirección corresponde a una bella casa de campo. Son bien acogidos, pero todo les parece “un poco ridículo”. Los invitados, unos cincuenta, están con máscaras de brujas, vampiros o zombis. No hay otra iluminación sino la de algunas velas negras. Ellos dos son los únicos que están sin máscara y con la cara descubierta. Todavía no lo sabían, pero habían sido escogidos como víctimas de una misa negra.

Se sienten mal y quieren marcharse, pero tratan de acomodarse al ambiente. Comen y beben. “El señor distinguido del bar” les ofrece unas bebidas. En cierto momento se sienten impactados negativamente por la aparición súbita de un hombre vestido de negro “con una gran manto y un capuchón sobre el rostro. “Todos, menos nosotros, se pusieron de rodillas….a cada uno le impuso las manos mientras habían comenzado a hablar una lengua incomprensible…”

¿Quién era este personaje? ¿Un sacerdote de la iglesia de Satán, que hace sus veces, o el mismísimo Demonio? Ellos, que no conocen el mundo de lo oculto y juzgan como “meras fantasías e invenciones”, piensan que se encuentran ante “una especie de juego por la fiesta de Halloween”. Pero esta vez el deseo de marcharse se vuelve apremiante. “Vámonos”, dicen al unísono. Ambos tienen dolor de cabeza y se sienten débiles. Se dirigen a la puerta, pero la encuentran cerrada. Pierden el conocimiento.

Su suerte por la mañana es que todavía están vivos. Primero despertó el chico. Junto a él, la novia está completamente desnuda. En todo su cuerpo hay cortes, rasguños, moratones y diversas señales de abuso. La gran casa está vacía. En el hospital descubren que ella había sufrido abusos sexuales y que en la sangre de ambos corría ketamina (droga disociativa con potencial alucinógeno). Días después vuelve el chico a la casa de campo. El propietario es claro: si no queréis tener problemas, no ha sucedido nada, “para vosotros esa noche jamás existió”.

En los días siguientes la chica es perseguida con llamadas telefónicas anónimas, aterrorizada, ya no sale de casa. Naturalmente, el “señor distinguido” ha desaparecido. Se van a otra ciudad. Se casan. Se entrevistan con un periodista, que naturalmente les garantiza el anonimato, explican que han decidido contar su experiencia porque deben “dar a conocer, sobre todo a los jóvenes que piensan en estas fiestas como algo divertido, que precisamente en Halloween se hacen cosas horrendas. A los jóvenes hay que ponerlos en guardia claramente, ir sin miedo contra la corriente. Mi vida fue arruinada y llevo esas señales en el alma y en la mente”.

“Las misas negras–según Cristina Kneer– se ofician en el campo o en edificios cerrados fuertemente vigilados, y se inician con la invocación de Satán, que muchas veces no se presenta (otras sí) porque, a diferencia de Dios, no puede estar en todas partes. A mitad de la ceremonia son sacrificados animales, como gatos, perros e incluso niños, que antes de ser sacrificados, son violados para despojarlos de su pureza”.

Halloween no es una broma. Todos los años pasan cosas horrendas, como el episodio narrado, para conmemorarlo. Estos jóvenes tuvieron mucha suerte por no haber sido asesinados, aunque quizás no debamos llamarlo suerte sino protección de Dios, que no permitió que la cosa llegase a males peores.

Fuente: María Mensajera – Nº 368, Julio-Septiembre 2012. Autor: Juan Sánchez-Ventura

¿Halloween en escuelas católicas? No por favor

No Celebro HalloweenNo se puede negar que es divertido disfrazar a los pequeños de la casa y salir con ellos a pedir dulces por las calles, muchos de nosotros tenemos recuerdos gratos de las fiestas de Halloween en donde compartíamos dulces y echábamos mano de todo lo que estaba a nuestro alcance para confeccionarnos el mejor de los disfraces.

Halloween, ¿Lo debe celebrar un cristiano?

Pero no podemos pasar por alto que las fiestas que celebramos reflejan quiénes somos e influyen en nuestros valores. Desgraciadamente muchos cristianos han olvidado el testimonio de los santos y la importancia de rezar por los muertos y se dejan llevar por costumbres paganas para festejar con brujas y fantasmas.
“Halloween” significa (All hallow´s eve); del inglés antiguo, all hallows eve, o Víspera Santa, pues se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos. La fantasía anglosajona, sin embargo, le ha robado su sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un triste retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también entre los pueblos hispanos.

Raíces paganas de Halloween

Ya desde el siglo VI antes de Cristo los celtas del norte de Europa celebraban el fin del año con la fiesta de Samhein (o La Samon); fiesta del sol que comenzaba la noche del 31 de octubre. Marcaba el fin del verano y de las cosechas. El colorido de los campos y el calor del sol desaparecían ante la llegada de los días de frío y oscuridad.

Creían que aquella noche el dios de la muerte permitía a los muertos volver a la tierra fomentando un ambiente de muerte y terror. La separación entre los vivos y los muertos se disolvía aquella noche y haciendo posible la comunicación entre unos y otros. Según la religión celta, las almas de algunos difuntos estaban atrapadas dentro de animales feroces y podían ser liberadas ofreciéndoles a los dioses sacrificios de toda índole, incluso sacrificios humanos. Sin duda Samhein no es otro sino el mismo demonio que en todas las épocas busca implantar la cultura de la muerte.

Aquellos desafortunados también creían que esa noche los espíritus malignos, fantasmas y otros monstruos salían libremente para aterrorizar a los hombres. Para aplacarlos y protegerse se hacían grandes hogueras. Estas hogueras tuvieron su origen en rituales sagrados de la fiesta del sol. Otras formas de evitar el acoso de estos macabros personajes era preparándoles alimentos, montando macabras escenografías y disfrazándose para tratar de asemejarse a ellos y así pasar desapercibidos sus miradas amenazantes.

¿Como sabía aquella gente la apariencia de brujas, fantasmas y monstruos?. Al no conocer al verdadero Dios vivían aterrorizados ante las fuerzas de la naturaleza y las realidades del sufrimiento y la muerte. De alguna forma buscaban desahogar aquella situación dándole expresión en toda clase de fantasías. Todo lo feo, lo monstruoso y lo amenazante que se puede imaginar en figuras de animales y seres humanos constituye la base para darle riendas libres a la imaginación del terror.

Mezcla con el cristianismo

Cuando los pueblos celtas se cristianizaron, no todos renunciaron a las costumbres paganas. Es decir, la conversión no fue completa. La coincidencia cronológica de la fiesta pagana con la fiesta cristiana de Todos los Santos y la de los difuntos, que es el día siguiente, hizo que algunos las mezclaran. En vez de recordar los buenos ejemplos de los santos y orar por los antepasados, se llenaban de miedo ante las antiguas supersticiones sobre la muerte y los difuntos.

Algunos inmigrantes Irlandeses introdujeron Halloween en los Estados Unidos donde llegó a ser parte del folklore popular. Se le añadieron diversos elementos paganos tomados de los diferentes grupos de inmigrantes hasta llegar a incluir la creencia en brujas, fantasmas, duendes, drácula y monstruos de toda especie. Desde USA, Halloween se ha propagado por todo el mundo.

Algunas costumbres de Halloween

Los niños (y no tan niños) se disfrazan (es una verdadera competencia para hacer el disfraz más horrible y temerario) y van de casa en casa exigiendo «trick or treat» (truco o regalo). La idea es que si no se les da alguna golosina le harán alguna maldad al residente del lugar que visitan. Para algunos esto ha sido un gracioso juego de niños. Últimamente esta práctica se ha convertido en algo peligroso tanto para los residentes (que pueden ser visitados por una ganga violenta); como para los que visitan (hay residentes que reaccionan con violencia y ha habido casos de golosinas envenenadas).

Según una antigua leyenda irlandesa un hombre llamado Jack había sido muy malo y no podía entrar en el cielo. Tampoco podía ir al infierno porque le había jugado demasiados trucos al demonio. Tuvo por eso que permanecer en la tierra vagando por los caminos, con una linterna a cuesta. Esta linterna primitiva se hace vaciando un vegetal y poniéndole dentro un carbón encendido. Jack entonces se conocía como “Jack of the Lantern” (Jack de la Linterna) o, abreviado, Jack-o-´Lantern. Para ahuyentar a Jack-o-´Lantern la gente supersticiosa ponía una linterna similar en la ventana o frente a la casa. Cuando la tradición se popularizó en USA, el vegetal con que se hace la linterna comenzó a ser una calabaza la cual es parte de las tradiciones supersticiosas de Halloween. Para producir un efecto tenebroso, la luz sale de la calabaza por agujeros en forma del rostro de una carabela o bruja.

Una fiesta de disfraces no es intrínsecamente algo malo. Pero sí hay que tener cuidado cuando estas se abren a una cultura desenfrenada como la nuestra. Detrás de un disfraz se pueden hacer muchas cosas vergonzosas con impunidad. Con frecuencia se hace pretexto para esconderse y aprovecharse de la situación. Como hemos visto, los disfraces de Halloween tienen origen en el paganismo y por lo general aluden al miedo y a la muerte. Hoy día con frecuencia los disfraces se burlan de las cosas sagradas. Vemos, por ejemplo, disfraces de monjas embarazadas, sacerdotisas, pervertidos sexuales, etc. Nada de eso es gracioso y solo puede ofender a Dios.

Con el reciente incremento de satanismo y lo oculto la noche de Halloween se ha convertido en la ocasión para celebrar en grande toda clase ritos tenebrosos desde brujerías hasta misas negras y asesinatos. Es lamentable que, con el pretexto de la curiosidad o de ser solo por pasar el tiempo, no son pocos los cristianos que juegan con las artes del maligno.

Jesucristo es la victoria sobre el mal

La cultura moderna, jactándose de ser pragmática y científica, ha rechazado a Dios por considerarlo un mito ya superado. Al mismo tiempo, para llenar el vacío del alma, el hombre de hoy retrocede cada vez más al absurdo de la superstición y del paganismo. Ha cambiado a Dios por el mismo demonio. No es de extrañar entonces que vivamos en una cultura de la muerte en la que millones de niños son abortados cada año y muchos más mueren de hambre y abandono.

Es más fácil dejarse llevar por la corriente de la cultura y regresar al miedo, a la muerte y a un “más allá” sin Dios porque, sin la fe, el hombre se arrastra hacia la necesidad de protegerse de fuerzas que no puede dominar. Busca de alguna manera con sus ritos exorcizar las fuerzas superiores.

Como católicos, profesamos que solo Jesucristo nos libera de la muerte. Solo Él es la luz que brilla en la oscuridad de los largos inviernos espirituales del hombre. Solo Él nos protege de la monstruosidad de Satanás y los demonios. Solo Él le da sentido al sufrimiento con su Cruz. Solo Él es vencedor sobre el horror y la muerte. Solo Dios basta para quien ha recibido la gracia y vive como discípulo de Cristo. Ante Cristo la cultura de la muerte cede el paso al amor y la vida.

Alternativas a Halloween

Los cristianos debemos no solo desenmascarar el mal sino ser además luz en las tinieblas. Debemos abogar por el retorno a la verdadera celebración de la Fiesta de Todos los Santos y la riqueza del festejo del Día de muertos. Se pueden hacer muchas celebraciones en torno al recuerdo de los santos.

Un ejemplo puede ser nuestro Proyecto: Fiesta de Todos los Santos

Los niños se pueden disfrazar de un santo favorito y aprenderse su vida, especialmente sus virtudes, con el fin de imitarlas. Los mayores pueden leer acerca de los santos, tener una fiesta en honor a un santo favorito de la comunidad o de la familia.

En algunas comunidades que aún se mantienen cristianas se puede renovar la costumbre de pueblos españoles de ir de puerta en puerta cantando, tocando instrumentos musicales y pidiendo dinero para las «ánimas del Purgatorio».
Aquellos que hagan el esfuerzo por vivir su fe lograrán en la Fiesta de Todos los Santos recordar que todos somos llamados a la santidad. Podrán conocer las vidas maravillosas de los santos que les ayudarán a vivir el Evangelio. Encontrarán además grandes amigos que intercederán desde el cielo por su salvación.

Si tienes alguna duda escribe al Padre Jordi Rivero

Consulta también Halloween, Origen, Mitos y Realidades

FUENTE: http://es.catholic.net/turismoreligioso/774/1922/articulo.php?id=2271

Halloween: un padre católico y el colegio

En relación a Halloween, un padre que lleva a su hija pequeña a un colegio de ideario cristiano se quejó de las actividades que realizan los días previos al 31 de octubre así como la línea temática general que decidió tomar la editorial de los libros de Primaria que usan en dicho colegio remitiendo la siguiente información:

SPX-Edelvives  Dibujo1

A la izquierda, tematización General de los libros SuPerpiXepolis de Primaria de Edelvives

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¿Halloween? ¡No, gracias!

   Nuestra oposición cristiana e hispánica a la llamada fiesta de Halloween no debe limitarse exclusivamente a la protesta contra una fiesta mercantilista, globalizadora y consumista de origen yanqui. Para extirpar el problema de raíz, es preciso que ahondemos en su naturaleza y orígenes.

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