Sentido del pudor

A primera vista, el pudor sería una suerte de vergüenza de exhibir el propio cuerpo, especialmente en las partes relativas a lo sexual. Para algunos, sería algo meramente convencional, dependiente de un entorno cultural puritano ya superado. Bajo esta consideración, el pudor no tendría razón de ser en la actualidad. Para otros, en cambio, el pudor sería uno de los tantos —y necesarios— remedios frente a la hiper-sexualización de la cultura actual, especialmente en el ámbito de la imagen. Pero el pudor sería de una índole tal que sólo podría ser sostenido a partir de alguna concepción religiosa. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

Soy más que un cuerpo

Como se ha dicho, el pudor suele caracterizarse como una suerte de vergüenza a mostrar ciertas partes del cuerpo, especialmente aquellas más vinculadas al ámbito de lo sexual. Pero lo interesante es que, en lo que respecta a su sentido más profundo, el pudor no se aprende: es innato. Se aprende, sí, cómo expresarlo —y en esto juega un rol muy importante el entorno—, pero en cuanto tal, es un mecanismo espontáneo. Al respecto, nótese que los niños pequeños carecen de pudor. Éste recién aparece cuando comienzan a desarrollarse, y empiezan a ser conscientes de que, en atención a sus cuerpos, pueden ser considerados como potenciales objetos de placer por otras personas. Se presenta, pues, como un mecanismo de defensa natural, tendiente a que los valores del cuerpo no encubran el valor total de la persona.

El ser humano es cuerpo, pero no se agota sólo en su cuerpo: es una unidad de cuerpo y alma. Ciertamente, el cuerpo es la expresión visible de alguien que posee también un mundo invisible, el cual está dotado de una profundidad y de una riqueza insondables. Y así, uno no sólo puede sentirse atraído por un rostro o por un cuerpo hermoso. Uno también puede disfrutar de la compañía de alguien que siempre brinda una conversación agradable, o una sonrisa sincera. Uno puede aprender de otros que están dispuestos a compartir la experiencia adquirida a raíz de sus éxitos, o también de sus fracasos. Uno puede tomarse un café con algún auténtico maestro, y nutrirse de su sabiduría. Uno puede sentirse motivado por alguien que ha luchado por superar sus propios límites y alcanzar sus sueños. Así, pues, un acto de coraje, de entrega, de despliegue artístico, de sacrificio, ponen de manifiesto que el ser humano es más que su cuerpo: es una persona —unidad de cuerpo y alma—. Como tal, es poseedor de un valor que no se agota en lo corporal; y precisamente el pudor apunta a preservar ese insondable valor.

La atracción que despierta el cuerpo es meramente física, y visto sólo desde lo físico, el cuerpo atrae en cuanto potencial objeto de placer. Es precisamente el descubrir a la otra persona como un sujeto cuyo valor trasciende lo estrictamente físico lo que permite integrar y subordinar la atracción física al amor. El riesgo de mostrar en exceso el cuerpo radica en que éste termine por eclipsar el valor total de la persona, lanzando el mensaje de que el cuerpo es lo único por lo que uno vale. Esto implicaría un empobrecimiento del valor del ser humano en cuanto tal.

Un sano equilibrio

El ser humano es cuerpo, y por eso su cuerpo juega un rol fundamental cuando se trata de llamar la atención de la persona del sexo opuesto. Y precisamente el pudor se ordena a encontrar un equilibrio, de manera tal que el cuerpo no se muestre de un modo que encubra el valor total de la persona. Más que una negación, el pudor se ordena a lanzar un mensaje afirmativo: “Soy alguien valioso, y mi valor no se agota sólo en mi cuerpo.” No se trata de negar el valor que posee el cuerpo —de nuevo, soy cuerpo—, sino de permitir que a través de él se descubra el valor total de la persona. Se busca, pues, que los valores del cuerpo permitan que a su vez se luzca toda la riqueza del mundo interior.

Como movimiento de defensa, el pudor es innato. Sin embargo, la manera según la cual se expresa depende del entorno cultural, y se aprende. Por eso sus expresiones son distintas en un entorno musulmán, o en uno de raigambre occidental-cristiana; o en lugares de climas gélidos frente a lugares de clima tropical. Pero en todos los casos la constante es la misma: que el valor del cuerpo no encubra el valor total de la persona. Esto en orden a evitar que uno sea considerado por otros como potencial objeto de placer.

Si bien el pudor admite diversas manifestaciones —Ej. en las acciones—, hemos centrado el presente análisis en lo relativo al pudor en el vestido. En este ámbito, es preciso hacer una distinción adicional. No se considera impúdico el mostrar el cuerpo si es que la desnudez parcial cumple una función objetiva. Es el caso, por ejemplo, del deporte o la playa. Está claro que hay indumentarias deportivas o trajes de baño que resaltan en mayor o menor medida el cuerpo, y por eso también requieren ser valoradas a la luz del pudor. Esto ya que también en dichos casos se debe buscar que el valor del cuerpo no encubra el valor total de la persona. Y dado que no es posible establecer una medida en centímetros, el pudor estará sujeto a una valoración prudencial. Siempre teniendo en cuenta la función que cumple la vestimenta en atención al lugar y la actividad a realizar.

Este artículo fue publicado originalmente en AmaFuerte.com.

FUENTE: https://www.religionenlibertad.com/blog/966728844/Sentido-del-pudor.html?utm_source=boletin&utm_medium=mail&utm_campaign=boletin&origin=newsletter&id=31&tipo=3&identificador=966728844&id_boletin=717229022&cod_suscriptor=445331

¿Anticuado, el pudor? Teólogos, psicoanalistas y filósofos explican por qué no pasa de moda

¿Ha pasado de moda, definitivamente, el pudor? En una sociedad donde la escasez de ropa es considerada un signo de libertad, parece que habría que contestar que sí. Y, sin embargo, un artículo en la publicación católica belga Cathobel sostiene el profundo arraigo de esta virtud en la naturaleza humana. “¿Y si el pudor no ha dicho aún su última palabra?”, se interroga. Y responde con el parecer de algunos expertos:

El pudor, al servicio de la libertad

Etimológicamente, el pudor remite a la “repulsión”. Solo posteriormente el término evoluciona para connotar un sentimiento de vergüenza. “Todas las referencias léxicas”, escribe la psicoanalista francesa Monique Selz, “apuntan a que la palabra ‘pudor’ proviene del latín ‘pudor’, derivado del verbo ‘pudere’, cuyo primer significado sería experimentar o inspirar un movimiento de repulsión, y que sería luego utilizado con el sentido de ‘causar vergüenza’”.

Para Monique Selz, es importante distinguir entre vergüenza y pudor: el pudor nos permite existir como seres singulares y ofrece un espacio privado, al abrigo de la mirada de los demás. La vergüenza surge más bien cuando se produce una intrusión en ese espacio.

Inès Pélissié du Rausas es doctora en Filosofía por la Universidad de la Sorbona y autora de numerosas obras, entre ellas ¡Por favor, háblame del amor!, dirigida a los padres para sus hijos jóvenes y preadolescentes.

Ella sostiene que la vergüenza, cuando se convierte en una palanca para el pudor, puede tener un “valor positivo”: el pudor remitiría no tanto a la vergüenza de uno mismo como al deseo de ser respetado por el conjunto de todo lo que nos constituye como sujeto. La vergüenza nace entonces del riesgo que representa el deseo sexual, deseo que el sujeto puede suscitar, a riesgo de ser reducido a ese deseo. “La vergüenza aparece como el signo del respeto a uno mismo a través del respeto  que se demuestra al cuerpo en el acto mismo de cubrirlo”.

La actriz Jessica Rey se hizo célebre como una de los Power Rangers, es católica y defiende públicamente la castidad, la modestia y el pudor. En esta pequeña charla hace también esa defensa como introducción a la marca de ropa de baño diseñada por ella misma.

Inès Pélissié du Rausas escribe además: “El pudor, como deseo de ‘proteger lo mío’, remite a la conciencia de su propio valor que tiene quien lo experimenta… ¿No es acaso porque experimenta ese respeto a sí mismo, que el hombre siente vergüenza ante aquello que percibe que, de una manera o de otra, puede degradarle?… Percatarse de un riesgo, ¿no es una condición necesaria para preservarse de él? Pues bien, el pudor es precisamente la percepción de una especie de ‘peligro’ que amenaza el ser: la manifestación de un deseo -propio o del otro- que ya no se integra en la totalidad de la persona, sino que tiende a su autonomía, solo se interesa en el cuerpo”.

En ese mismo espíritu, según el Catecismo de la Iglesia Católica, el pudor significa, en la persona, la conciencia de su dignidad: “Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia al hombre” (n. 2524).

Pudor del alma

Ahora bien, para Inès Pélissié du Rausas, el pudor no es solamente del cuerpo. Tomando la expresión de San Agustín, ella evoca así el “pudor del alma”, que remite al “temor a la exteriorización de la intimidad”: se trata de “un temor que apela al respeto al propio yo, pues rechaza que sea expuesto, menospreciado y tal vez incomprendido aquello que pertenece a la intimidad de la persona… Indica que esa intimidad existe, y remite a lo más profundo de la persona”.

La intimidad no se revela si no es en un clima de confianza, y el velo del “pudor del alma” solo puede caer cuando las personas están unidas por un profundo respeto.

Pero ¿qué es la intimidad? Lo íntimo es, en primer lugar, lo que solo me pertenece a mí; luego, lo íntimo es lo que solo nos pertenece a nosotros. Pascal Janne (profesor extraordinario en la Facultad de Psicología y de Ciencias de la Educación de la Universidad Católica de Lovaina), la profesora Christine Reynaert (de la misma universidad) y la escritora Catherina Lamy-Bergot distinguen entre la intimidad intelectual, la intimidad emocional, la intimidad conyugal y familiar y la intimidad económica, por no citar más que algunas. Destaquemos que, para estos autores, la intimidad sexual no es sino una categoría entre todas las que constituyen la intimidad plena y completa. Ciertas formas de intimidad se reservan a la vida conyugal, otras, por el contrario, son características de la amistad o incluso del vínculo filial o fraternal.

Pudor y castidad

Además, el teólogo dominico Raphaël Sineux vincula el pudor a la castidad, esa virtud que hace posible “la unidad interior del hombre en ser corporal y espiritual” (Catecismo, n. 2337).

Esta unidad interior implica que se contempla el cuerpo en su vocación de ser santificado, y no con un espíritu de codicia y concupiscencia. El pudor “invita a vigilar los sentidos, y a prohibirles todo movimiento que no se justificaría como expresión de un afecto legítimo”, escribe el padre Sineux. El pudor es una especie de repulsión “que experimenta el alma ante todo lo que ofendería a la castidad”. El pudor es así de gran ayuda cuando se trata de restablecer al ser humano en su integridad primigenia, en esa unidad armoniosa a la que está llamado.

Estas distintas ópticas aclaran el pudor bajo muchos ángulos, permitiendo que salgan a la luz al menos tres razones de ser subyacentes: deseo de respeto, deseo de intimidad y de autonomía, y deseo de santificación. El pudor no tiene, pues, nada de arcaico. Al contrario, surge incluso para funcionar como una palanca de afirmación del individuo. La afirmación de sí mismo para por la capacidad de reconocer hasta qué punto el cuerpo no pude reducirse a su materialidad. Merece pues un respeto muy especial. Al mismo tiempo, el pudor puede materializar, a nivel de los comportamientos y actitudes sobre todo de la vestimenta, el estatus del individuo como sujeto singular, incluyendo una dimensión de intimidad. En fin, esta intimidad es el umbral  a partir del cual es posible la vida espiritual. La intimidad es entonces un espacio disponible para Dios, la apertura a una libertad que tiene a Dios como principio. ¿Por qué tendría entonces el pudor que parecer anticuado?

Traducción de Carmelo López-Arias.

FUENTE: https://www.religionenlibertad.com/cultura/442321669/Como-ven-el-pudor-teologos-psicoanalistas-y-filosofos-las-tres-razones-por-las-que-no-pasa-de-moda.html?utm_source=boletin&utm_medium=mail&utm_campaign=boletin&origin=newsletter&id=31&tipo=3&identificador=442321669&id_boletin=498289689&cod_suscriptor=445331

Es posible frenar la ofensiva LGTB que pretende manipular a tus niños: Gabriele Kuby explica cómo

Wilhelm Reich, el gran pope del marxismo freudiano, decía que la sexualización de los niños derrumbaría la fundación de la «sociedad burguesa». Y eso es lo que está haciendo el adoctrinamiento sexual desde la más tierna infancia: minar los cimientos no ya de la sociedad, sino de la civilización.

Lo estamos viendo con las leyes de ingeniería social de los Gobiernos, o con la agenda LGTB que tratan de imponer Naciones Unidas y la Unión Europea.

El objetivo del Estado no es otro que manipular a los niños y suplantar a los padres.

Lo advierte la socióloga alemana Gabriele Kuby (Constanza, 1944) en el libro La revolución sexual global (subtitulado significativamente La destrucción de la libertad en nombre de la libertad), cuya edición española acaba de publicar la editorial Didaskalos.

 

Kuby conoce perfectamente la revolución sexual del 68, porque ella misma formó parte del activismo contracultural del mayo francés. Era entonces una veinteañera que participó en las revueltas de la Sorbona, en París.

Posteriomente tuvo un proceso de conversión y abandonó las posiciones feministas, dedicándose a desenmascarar las contradicciones y los errores antropológicos de aquella revolución.

Uno de sus ensayos más completos es La revolución sexual global, que ahora llega al público de habla castellana. Una obra imprescindible para entender no sólo lo que ocurrió con la liberalización sexual del 68, sino también lo que está pasando actualmente con la ideología de género, consecuencia última de aquella revolución.

En el capítulo La educación desde infantil hasta bachillerato explica los planes para manipular las mentes infantiles, comenzando por la supresión del pudor, y la introducción de la perspectiva de género.

Y ofrece doce buenas razones para que los padres se movilicen y traten de frenar la sexualización de los niños por parte del Estado. Estas son, de forma extractada.

1.- La liberalización de la sexualidad lleva a la decadencia

Todo empezó cuando, a mediados del siglo XX, se separó placer de procreación, y se sacó la sexualidad del ámbito de la familia. Esa liberalización ha tenido efectos económicos, sociales y culturales catastróficos en Occidente.

La ruptura de la familia, la bajada de logros académicos, la generalización de trastornos psicológicos, la propagación de enfermedades de transmisión sexual, y el asesinato de millones de niños por nacer son alarmas que señalan que la sociedad está en declive, señala Kuby.

Hasta el estado de bienestar –el gran logro de la Europa de la posguerra- se agrieta por culpa de esa liberalización. Lo que se traduce en pobreza y soledad.

2.- Destruye la familia como mejor entorno para los niños

La revolución sexual trajo de la mano las rupturas y el divorcio. Lo cual es un disparo en la línea de flotación de la familia, que está fundada en el matrimonio monógamo de por vida entre un hombre y una mujer, abierto a tener hijos.

Y estudios científicos confirman que los niños crecen mejor en una familia estable con padres biológicos. Sólo la familia puede producir una ciudadanía que confíe en sí misma e independiente.

Es más. Kuby llega a decir que las personas de familias destruidas, sin vínculos fuertes, son inestables, propensas a la manipulación de los poderosos, y se convierten en un peligro para la democracia.

3.- La sexualización priva a los niños de su infancia

Un niño es una cosa muy delicada, nos recuerda la autora. Y sin embargo ahora está sometido a las tensiones de hogares rotos, a la ausencia de la figura del padre y agresiones sexuales que provocan profunda heridas en su psiqué y en su afectividad.

El niño, subraya Kuby, es la gran víctima de la pérdida del pudor, otra consecuencia de la liberalización sexual. No se le puede hacer una faena mayor a un menor que destruir su inocencia, porque la inocencia es prácticamente la definición de la infancia.

Y esta estado protegida por los adultos hasta la revolución sexual de la segunda mitad del siglo XX.

4.- La sexualización de los niños y adolescentes socava la autoridad paterna

Los padres están vinculados a sus propios hijos por el amor y asumen una responsabilidad permanente hacia ellos. Por tanto, están obligados a la educación moral de sus hijos, que se establece como un derecho humano inalienable.

Pero lo que pretenden Naciones Unidas y la Unión Europea, explica Kuby, es disolver la autoridad paterna y sexualizar la infancia.

Y cita al mismísimo Sigmund Freud, cuando decía que  la actividad sexual temprana en los niños dificulta su educación:

“La experiencia nos ha mostrado que las seductoras influencias externas pueden causar fisuras prematuras de la fase latente o su extinción… y que cualquier actividad sexual prematura perjudica la posibilidad de educación del niño”.

5.- La sexualización de niños y adolescentes va en contra de su desarrollo hormonal

El desarrollo hormonal de los niños pasa por un largo período de latencia desde poco después del nacimiento hasta la pubertad. Los niveles de testosterona, hormona sexual masculina, y de estrógenos, hormona sexual femenina, crecen en el primer y segundo mes tras el nacimiento y luego caen a un nivel bajo constante hasta la pubertad.

Y en la pubertad el nivel de hormonas aumenta rápidamente de nuevo, y no alcanza el nivel relativamente constante en un adulto hasta varios años más tarde.

Por lo tanto, a nivel físico, los jóvenes crecen gradualmente hasta la madurez sexual. La consecución de la madurez psicológica es un proceso aún más largo.

6.- La masturbación habitual provoca la fijación en una sexualidad narcisista

Al someter al niño –ya desde primaria- a una sexualización precoz, con prácticas como la masturbación se le hace un flaco favor. Porque se  les inicia en la gratificación sexual narcisista, que luego dificulta su capacidad de comprometerse en un comportamiento sexual maduro como parte del amor hacia otra persona.

Una persona que se masturba –dice la autora citando la literatura científica- se obsesiona egocéntricamente en sí misma y está aislada. Lo cual imposibilita la madurez necesaria para el amor de entrega de uno mismo.

Y cuando la masturbación se convierte en hábito, viene la adicción y esta a su vez trae pérdida de autoestima y problemas psicológicos que pueden marcar a la persona en su ulterior vida adulta.

7.- La incertidumbre sobre la identidad sexual masculina y femenina da lugar a trastornos de la personalidad

Una persona es fuerte cuando sabe quién es y se identifica positivamente con ello: es lo que se denomina identidad, explica la autora.

Y durante la historia de la humanidad, las personas nacen como hombres o mujeres y encuentran su identidad llegando a ser lo que son como hombre o mujer.

Eso está cambiando con la perspectiva de género, con consecuencias muy negativas. Kuby cita un estudio de la Universidad de Harvard que  muestra que la identidad de género incierta en niños menores de once años aumenta la probabilidad de abuso sexual, físico y maltrato psicológico y desórdenes por estrés traumático para siempre.

8.- Fomentar la «salida del armario» en la adolescencia es un ataque contra el desarrollo natural de la identidad de género heterosexual

La educación sexual pública está alentando en muchos países de Europa a que los niños pubescentes «salgan del armario».

Sin embargo, es un hecho constatado que en la mayoría de los adolescentes los sentimientos homosexuales van a menos. Entre los de 16 años de edad, el 98% experimenta un cambio de la homosexualidad o bisexualidad a la heterosexualidad.

Alrededor del 70% de los chicos de 17 años que indicaron exclusivamente atracciones homosexuales, señalaron una orientación heterosexual exclusiva a los 22 años.

Gabriele Kuby menciona un estudio de un investigador homosexual (Gary Remafedi), que afirma que cuanto antes «sale del armario» una persona, mayor es el riesgo de intento de suicidio.

De manera que promover la «salida del armario» temprana, acarrea un grave peligro para el desarrollo psicológico del joven.

9.- Ocultar los riesgos de practicar la homosexualidad pone en peligro a los jóvenes

Por más que los políticos lo oculten por electoralismo y el lobby LGTB disfrace de jolgorio sus problemas, a través de eventos hiper-subvencionados como el Gay Pride, los estudios científicos indican un aumento de los riesgos físicos y mentales de la conducta homosexual.

Depresión, trastornos de ansiedad, consumo de alcohol, drogas y abuso de medicamentos, el riesgo de suicidio, y la infección del VIH y otras ETS.

El problema es que gobiernos y parlamentos hacen dejación de su deber de advertir estos peligros, lo que –como apunta Kuby-  es igual de discriminatorio contra los jóvenes con sentimientos homosexuales que explicar los peligros de fumar a los fumadores.

10.- Presentar estructuras familiares rotas como «normales» impide que los niños puedan superar consecuencias psicológicas dolorosas

Las familias rotas conducen a la incapacidad para crear vínculos y fomentan la infidelidad, el adulterio, la dominación y la irresponsabilidad hacia los hijos.

Nada más dañino para los menores que se alimentan del cariño y la unidad de sus padres, tanto como de la leche materna. Romper ese vínculo genera traumas psicológicos en los niños.

Kuby cita un informe del Instituto Robert Koch que indica  que el 21,9% de los niños y jóvenes de entre 7 y 17 años muestra evidencia de anormalidades psicológicas. Entre los de 14 y 17 años, aproximadamente el 40% tiene trastornos de conducta.

Y uno de los dos mayores factores de riesgo es un entorno familiar desfavorable.

11.- La destrucción de la familia lleva al control estatal de la educación de los hijos

Ya decía Chesterton que todo lo importante de la vida se aprende en los cuatro primeros años, cuando aún no se ha pisado el colegio.

Análogamente, lo que no se enseña en la familia probablemente no se aprenderá en la edad adulta. Esto incluye –apunta Kuby- la confianza básica, el compromiso, los buenos modales, la voluntad de aprender, la productividad, la confianza  en uno mismo.

Y cuanto menos se da esta formación personal en la familia, más tiene que ser asumida por los servicios de juventud, hogares juveniles, prisiones, psiquiatras, trabajadores sociales, terapeutas, médicos y policía públicamente financiados.

Los problemas sociales a los que el gobierno debe prestar asistencia se están convirtiendo en una justificación para incrementar la intrusión del estado en el derecho de los padres a educar a sus hijos.

12.- La crisis demográfica es resultado de la separación de sexualidad y fertilidad

Una consecuencia obvia de la revolución sexual es la crisis demográfica y el envejecimiento de la población. Europa se muere literalmente –y si hay europeos es porque vienen de los países musulmanes-.

En el caso de Alemania, la patria de Kuby, la natalidad es una de las más bajas de Europa.

La autora se pregunta: ¿por qué el gobierno está educando niños y adolescentes para convertirse en expertos en anticoncepción y está despejando el camino al aborto y la homosexualidad?

 

Pero, ¿cómo movilizarse ante esa ofensiva?

Así las cosas, Gabriele Kuby se dirige a los padres con una serie de preguntas incómodas:

  • ¿Quieres que tus niños en educación infantil sean animados a masturbarse y participen en el juego sexual?
  • ¿Quieres que tus hijos, en todos los grados desde la escuela primaria en adelante, estén familiarizados con los métodos anticonceptivos y todos los tipos de prácticas sexuales?
  • ¿Quieres que su sentido del pudor sea destruido?
  • ¿Quieres que tu hijo o hija sea alentado hacia la homosexualidad en la escuela y se le oculten los riesgos?

¿Qué hacer? Kuby hace un llamamiento a los padres para que defiendan su derecho a educar a sus hijos, parándole los pies a los Gobierno que tratan de suplantarles.

¿Cómo? Los padres no tienen más opción que la desobediencia civil. Es muy fuerte, no tenemos mucha costumbre, pero lo que está en juego es muy grande: nuestros hijos. Y el deber de los padres protegerlos. La socióloga aconseja buscar apoyo posible de otros padres, de otras familias. Y empezar la resistencia, aunque sean sólo unos pocos.

Concretamente, Gabriele Kuby propone cinco medidas para frenar la ofensiva LGTB contra los niños. Son éstas:

1. Los padres deben exigir que se les informe sobre las actividades pedagógicas sexuales en las aulas

El padre debe acudir al profesor y solicitar información detallada, sin dejarse engañar. O ir al director del centro y preguntarle:

¿Qué material didáctico se utiliza?, ¿Quién dirige la enseñanza pedagógica sexual? ¿Cuándo y qué tiempo se emplea?

Y también si ¿están presentes los profesores?, ¿Son admitidos pedagogos sexuales externos? ¿Qué cualificación tienen?. E incluso preguntar si ¿van parejas homosexuales a la clase?

2. Pueden hacer propuestas alternativas: invitar a una comadrona, visita de consejeros matrimoniales a clase

Existen en muchos países programas alternativos, por ejemplo, Alive to the World, programa que está disponible en muchos idiomas.

Pero no limitarse a aceptar, de forma acrítica, todo lo que enseñe el centro. En última instancia, el responsable de los niños es el padre no el colegio.

3. Si no le hacen caso, haga ruido, monte un pollo, organice una manifestación

Si las autoridades académicas no hacen caso, no se quede de brazos cruzados y organice una buena.

Kuby recomienda hacer  públicos los contenidos de pedagogía sexual: informar a otros padres de los folletos y las imágenes que emplean. Acudir a los medios de comunicación, organizar conferencias.

E incluso manifestaciones. Aunque sean pequeñas al principio llamarán la atención a la escuela y a los padres.

4. Diga claramente que no descansará mientras la escuela sexualice a los niños

5. Haga relaciones con personas de la misma opinión dentro y fuera del país

Esto da fuerza y nuevas ideas para la resistencia civil. Existen movimientos en diversos países de Europa que se han rebelado ante esa forma de despotismo y lucha por los derechos de los niños y por la familia monógama y estable, como es el caso de la Manif pour tous en Francia, o Demo für Alle en Alemania, o plataformas cívicas como HazteOir.org o CitizenGo.

Lamentablemente, en los grandes problemas que afectan a la vida de la persona, la mayoría ya no están representadas por el parlamento o el gobierno.

De suerte que es preciso que la sociedad civil se organice, afirma Kuby, luche por la familia, y ponga fin a las políticas sexuales que terminan destruyendo a la sociedad y comprometiendo a las próximas generaciones.

FUENTE: https://www.actuall.com/criterio/familia/posible-frenar-la-ofensiva-lgtb-pretende-manipular-tus-ninos-gabrielle-kuby-explica/